Diario de León

Su lenta recuperación está relacionada con la aplicación del Protocolo de Montreal

Primeros signos de que el agujero de la capa de ozono de la Antártida se reduce

Su pérdida aumenta la incidencia de enfermedades como el cáncer de piel y patologías pulmonares

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T. Fernández - león
León

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En la década de 1970 se descubrió que la liberación a la atmósfera de algunos componentes químicos para uso industrial como los CFC (usados en refrigeración, acondicionamiento o equipos contraincendios) o el halón, podían destruir el ozono e incrementar los casos de cáncer de piel, patologías pulmonares, cataratas, debilitamiento del sistema inmunitario y disminución de la productividad vegetal. La preocupación por estos hechos llevó a los gobiernos a elaborar en 1987 un texto conocido como Protocolo de Montreal en el que se expresaban medidas concretas como prohibir la fabricación de más de 90 sustancias que colaboraban al deterioro del ozono y potenciar la investigación, desarrollo y fabricación de otras que lo preservasen. Además, los investigadores detectaron que a comienzos de la primavera y sobre la Antártida los niveles de ozono comenzaban a disminuir alarmantemente, sobretodo durante un corto periodo de tiempo. El fenómeno fue conocido como «agujero de la capa de ozono», y cada año ha ido ganando en extensión la zona abarcada y en duración el tiempo que tarda en recuperarse hasta los niveles normales. Sin embargo, la tendencia parece estar cambiando. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el agujero de la Antártida empieza a reducirse sin que este año haya alcanzado los niveles máximos de los años 2000 y 2003. Fuentes de la OMM han informado que mientras que en el año 2003 llegó a medir 29 millones de kilómetros cuadrados, este año no ha superado los 27, lo que ha llevado el optimismo a la comunidad científica y a afirmar que la destrucción de la capa de ozono se ha detenido como consecuencia de la aplicación del Protocolo de Montreal. Su reducción sobre la Antártida depende de las condiciones meteorológicas de esa zona ya que las bajas temperaturas (por debajo de -80ºC) aceleran la formación de nubes en la estratosfera y favorecen que ciertas sustancias químicas como los derivados del cloro procedentes de los CFC se conviertan en radicales activos que destruyen las moléculas de ozono. Lenta recuperación Los modelos de predicción globales apuntan a una recuperación hacia la segunda mitad del siglo XXI (2050-2060) de los niveles de ozono existentes en 1970. Desde la OMM se afirma que no podrá haber conclusiones definitivas hasta que se observe su evolución durante al menos una década. Recuerdan, además, que el fortalecimiento de la capa de ozono no garantiza la salud atmosférica y que hay que ser prudentes porque siguen existiendo incertidumbres sobre el ritmo de regeneración ligado a los efectos del cambio climático, como aumento del contenido del vapor de agua en la estratosfera, del metano o enfriamiento de la parte baja de la estratosfera. El efecto invernadero se produce por las emisiones atmosféricas de dióxido de carbono (procedente de la quema de combustibles fósiles), CFC, óxidos de nitrógeno (fertilizantes, quema de biomasa) y metano (vertederos, mamíferos), que dificultan que parte del calor vuelva al espacio, elevando la temperatura global (sólo en el siglo XX subió 0,5ºC y a finales de este siglo podría subir entre 1,5 y 6ºC). Desde mediados del siglo XVIII, la concentración atmosférica de CO 2 ha aumentado el 30%, la de óxido de nitrógeno el 20%, la de metano se ha duplicado y la de CFC triplicado.

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