| Crónica | Entre el glamur y la ausencia |
Meses de preparación
Es cierto que la presencia en la ceremonia sigue despertando interés entre aquellos que consideran que acudir a los Nobel es de obligado cumplimento. El encanto de los premios reside en la capacidad para mezclar bajo el mismo techo, el del Konserhuset de Estocolmo, a personajes variopintos, tanto de la nobleza sueca como del mundo del arte. Los embajadores solicitan con meses de antelación su lugar obligado en el auditorio y los coches oficiales se agolpan en las estrechas calles contiguas para mostrar el modelo al resto de la humanidad. No importa qué suceda dentro: lo importante es estar a dos metros de la familia real sueca. Aún así, la prensa nacional no está para contenplaciones modelísticas. Tras una ediciones cargadas de decisiones polémicas, los medios de comunicación han aprovechando el momento para utilizar a Harold Pinter como la excusa perfecta. Los editoriales califican a los académicos de «fanáticos politicos» por haber premiado con el Nobel de Literatura al dramaturgo británico Harold Pinter, que esta semana se permitió solicitar, dentro de su discurso de aceptación del premio, un jucio ante La Haya contra Bush y Blair por actos contra la humanidad. Ni siquiera el propio Pinter, aquejado de cáncer, acudió ayer a la ceremonia de entrega por consejo de sus médicos -lo mismo había hecho el año pasado la también Nobel de Literatura Elfriede Jelinek aludiendo fobia social- y en su lugar fue Stephen Page, editor del escritor, quien recogió el premio, valorado en algo más de un millón de euros, de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia . Los once galardonados se pasean estos días por Estocolmo y visitan sus lugares más turísticos. Cinco premiados son estadounidenses y otro comparte pasaportes israelí y estadounidense. Algunos analistas consideran que es un forma de equilibrar las furibundas críticas de Pinter al Gobierno de Bush. En paralelo, cientos de per-sonas pululan cerca de los premiados, y ayer sorprendía ver en Oslo dos caras del espectáculo entre ellas: el cantante Bob Geldof y la actriz mexicana Salma Hayek.