Diario de León
Pedro García Trapiello

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ARDE HOY el año en su última pavesa. Sopla tú esta noche y será ceniza. Desvístete para saludar al nuevo año. Desnudos no somos nada (y en calzoncillos, mucho menos, dice el dicho). Si naces al año junto a un fuego, mejor que mejor, porque entonces, entre los doce meses que vienen, te aguardarán tres desconocidas noches que te serán como días para que veas algo definitivamente claro. Haz alguna promesa sabiendo que no has de cumplirla y cállate para los adentros esa que sabes has de cumplir ya de una vez. Por lo demás, encara la noche como mejor se te disuelva el trago. Si de juerga, a maza y exagerando. Si de tranqui, a pierna suelta. Si de tute, a lo cabrón y con mucha risa de la buena. Pero que no te pille dormido lo que viene, que no te sorprenda zoquete o tablón, porque no puedes ignorar con qué ínfulas o solapas llega un año que trae sus propias trampas. Mírale a la cara. Saluda cortesmente su llegada. Y dale después la espalda. Sólo es un año más, el muy ladrón, que viene a traer y viene a llevar (este dosmilséis tiene flequillo de diablo, número enroscado, casi el mismo que llevaba Estrellita Castro en su frente). Conjúrate con los que estén en esta noche a tu lado y proclama ante ellos con toda fe y solemnidad: «Hala, este año toca no joderse». Y cuando barras la ceniza de todo este tiempo que ya ardió, haz memoria del año difunto y barre también lo que tengas que olvidar, que es tanto; los rencores, lo primero; ya ves lo que pesan y que sólo a tí te dañan. Olvida a la gente que fue pequeña y desconoce a los que te fueron ruines (la mezquindad es su problema, no el tuyo). Resucita también algunos odios que ya rendiste; ¿no dijiste que siempre odiarías la injusticia, los privilegios y la mentira? Odia un poco o un mucho lo que es odioso. A los años nuevos hay que entrarles amando... y odiando, así que no te será fácil hacer cualquiera de las dos cosas si te pilla el año neonato con un pedo, gañán (no es necesario que te enajenes, porque ese es ya tu paisaje cotidiano el resto del año; aclárate, achíspate, pero para mirar más largo). Si el dosmilcinco vino con un «te la hinco» y se nos quedó en boda, ¿con qué persuasiones vendrá este dosmilséis?... Para mí pido únicamente «por el culo no me deis».

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