Diario de León

El paisanaje

Piras, piradas y ministras

Publicado por
Antonio Núñez
León

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SE LEE textualmente en internet -tres uves dobles, tabaco punto com o sin filtro- que el 28 de octubre de 1492 Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, dos compañeros de Cristóbal Colón, fueron los primeros occidentales que vieron a unos indios fumando. Se añade que el tal Rodrigo los imitó enseguida sin sospechar que, de regreso a su pueblo, iba a ser encarcelado por la Santa Inquisición acusado de brujería, «puesto que sólo el diablo da a un hombre el poder de sacar humo por la boca». Lo condenaron a muerte, aunque respetaron su última voluntad, que era fumar el penúltimo cigarrillo: luego le dieron candela en la pira. De ahí hasta el Fumando espero de Sara Montiel tuvieron que pasar la tira de generaciones para que la cosa pasara por pasable, valga la redundancia, según filosofa cierto tío mío que no escribe como yo, pero gasta papel de librito para liarla. Antes de la llegada de los españoles -se sigue leyendo en el internet de los gringos- todos los indígenas consumían tabaco con fines tanto rituales como terapéuticos. «Lo enrollaban en forma de puro, lo envolvían en hojas de maíz a manera de cigarrillo o lo fumaban en pipa. También solían incluirlo en jarabes para beberlo». El tabaco era una planta mágica para los pueblos prehispánicos de Méjico, incluso antes del monopolio de Tabacalera, porque, según ellos hacía «visible el aliento». No hay más que aspirar las películas de Humfrey Bogart y la Lauren Bacall -si me necesitas silba- aunque ciertas intelectuales con muchos humos se permitan decir ahora en los periódicos que nuestro amigo Rick apestaba demasiado a alcohol y pitillos en C asablanca como para besarlo en la boca. Una de dos, hay que ser muy estrecha o viciosa arrepentida, que son las peores. Dejemos la cuestión cultural así. El caso es que los europeos comenzaron a incorporar el tabaco a sus costumbres en el siglo XVII, a raiz de que el doctor Jean Nicot -que popularizó la Nicotinia tabacum - curara de interminables migrañas a otra con más ínfulas que la mi paisana y que se llamaba Catalina de Médicis, esposa de Enrique de Francia. «En aquel entonces», se pregona por internet, «el tabaco era llamado hierba santa o hierba para todos los males , porque se recomendaba casi indiscriminadamente en todo tipo de padecimientos». Por eso también estoy a punto de hacerme del PP: cualquier tiempo pasado fue mejor. Ha tenido gran éxito de público y crítica, como dirían los clásicos, la iniciativa de la ministra Elena Salgado de no permitir fumar en el tajo. No se habla de otra cosa en el bar de la esquina, donde nadie se apea del farias, menos los parados, que son, a la fuerza ahorcan, los que se dan menos humos. Hay quien dice también que se trata de una cortina de humo para que no se hable de otras cuestiones. Por ejemplo del Estatut catalán, que no conviene orear ahora. No sería la primera vez que pasa. Ya cuando Franco el precio del pan solía subir en agosto, con medio país de vacaciones tumbado a la bartola, y ahora por Navidad lo de las tarifas eléctricas, el gas, el butano, las hipotecas, etcétera, se decreta a primeros de año: total da igual doce campanadas que trece, contando la del tabaco.. La ministra Elena Salgado ha anunciado otra ley, esta vez antialcohol, para proteger a los bebedores pasivos. Desde aquí se avisa ya a los de la mi parranda: mosto y no vino, la Casera en vez de la birra a morro, Coca Cola light por un Cuba libre de Fidel en el bar de La Flaca, o tila en Buchkhingham Palace frente al té de las cinco con el ginebrón y la pinta de whisky de la reina madre. La cuestión es no hablar del Estatut, que es infumable, o del Plan Ibarretxe, que no hay quien lo trague. Así que por el momento la ley seca le va bien al Gobierno, porque en casa y en los bares no se habla de otra cosa que del tabaco. La liga y Ronaldinho han pasado a un segundo plano. La única diferencia es que antes en las tabernas había un cartel con una porra sobre el Madrid-Barça y ahora te avisan ya de entrada que «aquí se fuma». En honor al gremio de hostelería, del que uno podría pasar hasta por cliente preferencial, debe decirse que en León no ha encontrado ni un solo establecimiento donde se prohiba encender el cilindrín, como diría un castizo. Aún quedan liberales. Tampoco está uno seguro de que esta cortina de humo sirva para despistar al paisanaje sobre los verdaderos problemas del país. Vicio por vicio y sin ir más lejos el miércoles mismo llegó a España el líder de los cocaleros de Bolivia y nuevo presidente, Evo Morales, para hacer frente común con Zapatero, Fidel y Chávez contra un tal Bush. En la Casa Blanca están que fuman en pipa del cabreo. Aunque según el ministro Moratinos, que es un optimista, flipan.

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