Diario de León
Pedro García Trapiello

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CAGÜEN la puta pared... diría cantando Bambino. Esa maldita pared, dice la canción de verdad. Esa pared enorme, ese pindio farallón que ahí ves bajando Pajares pallá, es lo que engorda este lamento y el chaquetón de caminero que duerme en la cuneta, pues se argayó el monte que muerde la autopista y los derrumbes con arrastres se comieron media calzada atorando la circulación. Esos destierres llámanles así, argayos, en la asturianía vecina y en los restos astures de nuestras hablas. Y por hablar, hablaba yo ayer con una gente asturiana que frecuenta este paso y preguntéles cómo va la avería. Aquello es mucha obra, rapaz, y van a tener para rato. ¿Como cuánto rato? Mucho rato, más que Rodrigo; hay autopistas asturianas que han estado así dos y cuatro años; cagüenlaputapared... Y es que la gente se cabrea mucho cuando ven estrangulada en este punto en obras su veloz carrera a los gijones o leones. Y maldicen: estos ladrones podrían al menos descontarlo del peaje, ¿no crees?... Ese mismo día había bajado yo unas fotos de las que sirve la agencia Efe con instantáneas del día de aquí y del mundo mundial. Eran también las imágenes de un argayo, pero un argayu gigantesco, fenomenal, acojonante, pura roca molida, peñascos triturados y piedronas como catedrales que caían sobre una pobre gente que por allí transitaba con la muerte pisándoles el rabo, devorados algunos de ellos por el apocalíptico trabe. En otras fotos se veían tipos y familias de aquellos lugares de feroz invierno pakistaní intentando cruzar ese argayo vivo moviéndose bajo sus pies después de devorar una carretera entera mientras seguían lloviendo piedránganos como maldición del cielo. Eran gentes evacuadas de sus pueblos rotos por el último terremoto y por los estertores que aún quebrantan las montañas aquellas ya crujidas, cargados todos como mulas o sherpas, huídos con la angustia y la pena enorme estampada en sus caras. A pueblo pobre todo se le vuelven pulgas y argayos. No tienen casa, viven bajo lonas y hielos; y los mocos catarrosos de los guajes miden una cuarta. Aquellas montañas son tres veces más altas que este Pajares que te rompe el paso. Pero no parecían muy cabreados por el corte de carretera. Para eso tendrían que tener coche. Y por allí no se da el caso.

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