CORNADA DE LOBO
Inch Alláh
UN JOVEN palestino triunfador de Jamás-Jamás que tiene un corazón muy religioso y un cerebro con cartucheras desborda en estos instantes una alegría incontenida el algún rincón de Ramala o Gaza. Han ganado los suyos, la verdad pura dicen, han zurrado de plano a la plana y corte del difunto Arafat, y por fin, después de tanto tiempo de malmeter radicalidad y forzar la pedrada en el ojo, va a colgar un rato el fusil ametrallador con el que ha paseado su fuerza urbana y guerrillera todos estos años. Lo colgará porque se supone que algún carguín tendrán que darle después de tanto mérito y misil katiuska, alguna secretaría general, aunque sea del economato del barrio o del campo de refugiados que controlaban hasta ahora los arafatinos manejando fondos internacionales y ayudas, colocando a primos y barriendo para casa o para el privilegio, esto es, corropiéndose sin duelo hasta el corvejón, abriendo cuentas suizas o retacando con divisas piadosas el furaco de la viga. Dicen los jamasianos, además, que los gobiernos palestinos han sido unos cagaos en sus pactos con Israel, esa nación judía que insisten hay que echar al mar porque lo dice el libro sagrado, Inch Alláh, Dios lo quiere, inch'alláh... saca la cimitarra... y a degollar, a degollar... a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar, como dice la canción... ¿y enrojecer sus aguas para que puedan cruzarlas en un nuevo éxodo?... Hay un cierto pánico con patas que corre por todas las cancillerías occidentales ante esta victoria rotunda y amenazante. Se teme un rearme, una escalada de tensión. Los cachorros de Jamás-Jamás esperan muy convencidos que ahora se compren misiles patriot para sustituir la gomadós que únicamente estraga autobuses y unos katiuskas que son sólo pedo de monja. Esos hijos de una Palestina destetada con sangre y asolamientos albergan la esperanza de que ahora se pueda decretar formalmente una guerra santa en toda regla... inch Alláh... Pero tranquilícese el sanedrín: esa euforia belicista sentada en el trono del gobierno palestino durará lo que tarden en tocar pelo de conejo, que les encandila, y dinero, que al hombre ciega, un dinero cuyo olor narcotiza cualquier ideario y cuyo tacto convierte a un incendiario en bombero. Si en vez de bombas los americanos tiraran dólares, se corromperían todos y no habría guerras.