Diario de León

EL AULLIDO

Esto no lo ha escrito Crémer

Publicado por
LUIS ARTIGUE
León

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LEÓN ESTÁ REPLETO de relatos que suceden después de medianoche. Luz de luna. Fin de fiesta. El sexo como prodigio de la comunicación. Oh, te dejaste una nota con su número de teléfono olvidada encima de la almohada... Y la radio escupe un blues sin motivos mientras agarrarse a un recuerdo se parece a volar. Sí, esta ciudad sin trabajo ni renovación es urbana a su manera, lo cual equivale a decir que casi todas las historias son la misma y no hace falta escribir, pero de vez en cuando... De vez en cuando ellas, omnipresentes, rubias eslavas con movimientos de tornado que toman a saco la Calle Ancha -¡viva la Beca Erasmus!- y ponen patas arriba la quietud de toda imaginación. De vez en cuando, digo, una que mete la mano en su bolso después de despedirse, y la tiene allí tanto tiempo que hasta parece que el bolso se la hubiera comido mientras alguien la mira: ojos polares, labios de hachís, sonrisa menguante, dedos que dejan tatuadas las caricias y, de repente, vuelve a resultar fácil la poesía. León tiene la catedral, la gente, la Calle Ancha, la cecina, el frío, las tapas en el Húmedo, la sutil armonía de la vida familiar, el cielo cristalino y ese atentado terrorista contra la rutina que son los pisos de estudiantes. ¡Vaya oasis! Y digo esto, no para hablarles de las conversaciones con whisky en el piso compartido después de cenar cuscús y sorbete de fresa. Tampoco quiero referirme a los rituales con incienso, masajes y maldades llenas de caricias, sino escribir un artículo con final abierto sobre el espíritu joven. Sí, los jóvenes, en otros lugares motor de la ciudad, aquí hace falta decidir si también son la ciudad. ¡Así nos va! Qué bueno sería empezar a construir un espacio renovado, dinámico, un enclave poliédrico donde al menos todos los de aquí pudieran llegar a tener un sitio que considerar propio; un lugar dentro del lugar. Qué bueno sería que los jóvenes también tuvieran una voz escuchada, una parte en el debate y el pastel, un espacio entre los objetivos políticos de nuestros dirigentes, cierta relevancia en la bella selva de materia milenaria que es esta ciudad. En León el paso del tiempo casi ni se nota en el papel de estraza de sus fachadas, pero está llenando de arrugas el alma de sus habitantes. León envejece. Y aquí nadie dice que tal vez necesitemos nuevas energías, cierta revitalización, un cambio de talante, me refiero. Porque si no, si el destino de todo estudiante de esta Universidad es buscarse la vida fuera, dentro de no mucho aquí los únicos jóvenes que habrá serán las foráneas con sus becas Erasmus que vienen, estudian, practican el español y acaso el francés, y luego se van para no volver con paso de tango. El espíritu joven en una ciudad, en un periódico, en la vida, es lo contrario de la resignación y frecuentemente no tiene que ver con la edad aunque a veces sí, y desde luego es un impulso no imprescindible pero sí necesario. Algo así como que las cosas tengan que ser redondas para rodar. Me refiero a que la juventud, el empuje, las ganas, el deseo de demostrar, el inconformismo, la facilidad para aprender de quienes aún no sabemos nada, la vida a flor de piel, casi el delirio, son nutrientes para ésta y toda ciudad que acaso debieran ser cuidados con mimo para que no se pudra todo de tanto seguir como siempre... De hecho acaba de publicar este periódico un dato escandaloso: ¡el 80% de nuestros licenciados en el último año han tenido que irse a buscar trabajo fuera de León! ¿Esta ciudad no tiene que empezar a plantearse si a los jóvenes los quiere o sólo los tolera? Por cierto, acabo de ver por la calle entre la gente a don Victoriano Crémer tan joven como siempre, al cual al parecer le han propuesto por fin para el Premio Cervantes. Así que entonces espero que no se ofenda por el título de éste artículo enérgico como sus poemas antigubernamentales, sino que lo entienda como una metáfora pues el espíritu joven también consiste, claro, en saber que conviene superar en edad a un maestro antes de faltarle al respeto.

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