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MARABUNTA de gentes embutieron el carrer de la independencia catalana, mucha gente, ostitú, era el clamor... de los que claman... y era tambor de los de palo al parche y amigos de la percusión. Un millón de almas fueron, dijo la organizata; setenta y cinco mil, según la municipata; vaya ojos de medir; unos, abriéndolos en asombro y con delirio de exageración andaluza; y los otros, achicándolos en rendija como si fueran sexadores japoneses de pollos; aquí, la lupa y, allí, la miopía; las dos Españas, o sea, las dos Cataluñas, que las hay y son. Banderas y banderas tremolaban con su drapeo de desfile y paso marcado. Eran señeras y estrelladas (la de barras y estrella es esa otra enseña del separata, el trapo militar de la militancia del independentismo militante (a quien no fue a la mili la milicia le chifla, jo, lo que hay que ver; y ya ves, «miles y miles» significa en latín «soldados y soldados»), esa bandera que es marca del que exige la hijuela -financiación, financiación, finansiasió- para largarse de casa con portazo y «ahí te pudras», que en su ley está y en su albedrío hay que dejarle; cartelones y pancartas; y «L'estaca» del Llach musicando el aire, aire de carrer y avinguda que era del viejo Raimon, pues también se cantaba «Al vent», la cara al viento... y de culo a España, nen (lo de la cara al viento o la cara al sol es manía en este país cuando se quiere barrer al otro -de cara a la razón nadie canta-; los falanges le piden al sol fuego y los otros tramontana que despeine). També y también desfilaron pancartas y cartelones. Había una cuyo texto rezaba... (esto de rezar suele decirse como latiguillo periodístico, pero los textos de una pancarta nunca rezan, vocean) y rotulaba: «Una miqueta de si us plau», osá, un poquito de chisplau, de pofavó... ¿Por favor?... El favor ¿se ruega o se exige?... En Bilbo, Bilbao y Bilbado hubo también pancartona con un único texto en clave, algo enigmático para quien no esté muy en la pomada: «18/98+», que debe hacer referencia al mogollón de implicados en ese pedazo juicio contra voces y sacristanes etarras, pero escrito así tojunto arroja una cifra que es fecha y es año de dolores en la historia española, el año del desastre, del funeral colonial y de Cuba al carajo. Sin embargo, como generación de perdedores, el 98 alumbró un pensamiento que nos redimió de viejas culpas.

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