Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

No hay más Dios que Alá

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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DESDE LA CUMBRE bravía que un sol morisco asola, no queda un solo país de religión musulmana, o sea morisca, para entendernos en español, sin un partidario de Alá, que no se haya echado al campo, fusil en mano y en lo alto las estrellas, para protestar por lo que se considera una injuria de lesa religión y de paso incendiar este o el otro edificio consular religioso y cultural. En algún periódico danés, o sea de Dinamarca, a alguno de sus periodistas más díscolos se le ocurrió la idea de tomar un poco, sólo un poco a chirigota la figuración del altísimo Alá. Y esto provocó como cabía temer, lo que está ocurriendo: Que como un solo musulmán, sea suní o chiita, cubierto con sus galas tradicionales de guerrear, fusil en mano, se lanzara a expresar su protesta contra lo que consideran la más grave injuria que se le puede inferir a un moro: no tomar como está obligado, sea infiel o beatísimocoránico, a Alá, porque no hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta. La guerra de las Cruzadas ha comenzado y los adalides cristianos deben prepararse a mantenella y enmendalla. Porque esta vez va en serio y los seguidores de otras religiones que no sean la islámica, están llamados a perecer en la contienda o a salvarse en patera. Hubo un tiempo en el que se temía muy seriamente al peligro amarillo. Y así que se veía a un chinito por nuestras calles ofreciendo «collares a tres pesetas», pensábamos que ya teníamos al enemigo en casa. Y el escritor y filósofo Spengler, lo tomó tan en serio que consiguió meternos el miedo en el cuerpo. Al cabo de tantísimo tiempo y de cuantísimas guerras de religión, aquel temor ante el anuncio del peligro amarillo ha sufrido un brusco cambio: El peligro que nos acecha a cuantos no somos ni moros ni todo lo contrario, es el islamismo y sus agentes. Un escrito en forma de novela, puede servir de pretexto para que los ayatolás de cualquier rincón del mundo decreten su muerte, o como está sucediendo para que unas pocas líneas con intención misericordiosamente humorística, de lugar a que millones de creyentes con turbante salgan a la calle en busca del infiel para hacerle comprender, a la fuerza, si no puede ser mediante la lectura de alguna sura del Corán, que no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta. Y punto. La verdad es que a nosotros, nos parece que todo lo concerniente a la religión, sea esta cristiana o musulmana, debe ser tratado con cuidado y conocimiento y que en un tema tan difícil y escabroso como lo religioso no debe permitirse ni la ficción ni la broma, pero tampoco debe olvidarse que el mundo y sus habitadores tiene concedido el derecho de la libertad de expresión y el libro albedrío que le confiere derecho de asomarse siquiera a la más altas promociones espirituales del ser humano. Y que la rigidez, sea musulmana o parroquial no es sino una demostración de sectarismo. Y que todo sectarismo posible, es malo. En uno de mis paseos solitarios, di una mañana fría y con sol, con unas señoras que dirigiéndose a mí intentaron adoctrinarme sobre otra cierta religión. Y se me ocurrió repetirle una respuesta que se le atribuye a Camilo José Cela: «Perdón señora, pero no creo en la religión católica, que es la buena, para que acepte la suya».

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