Diario de León

La niña sufría depresión y tenía miedo de su agresor, dice la madre

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Desde que Ana María y Álvaro se separaron, hace dos años, la pequeña Alba ha vivido en cuatro hogares diferentes. Madre e hija se se mudaron primero a Santalecina, el pueblo en el que vive la abuela materna. Estaba cerca de Ontiñena y a Álvaro, que trabaja a tres turnos en la papelera de la comarca, no le resultaba difícil hacerse cargo de la niña los fines de semana que le tocaba. Pero Ana María comenzó a anunciarse en chats eróticos y, a través del teletexto de la televisión autonómica catalana, en junio del 2004 conoció a Paco, un señor de Manresa. «Envié un mensaje, ella me contestó, nos conocimos, nos gustamos, compré un piso para ella y su hija y nos fuimos a vivir juntos», ha relatado Paco a El Periódico. «Me engañó, como creo que habrá engañado al resto de hombre con los que haya estado, pero nunca maltrató a su hija», ha confesado este catalán que el martes, al conocer los hechos, se presentó en la comisaría de Manresa para ayudar en lo que pudiera. Esos otros hombres a los que hace referencia el citado Paco son, al menos, dos. Con uno convivió en Viladecans y desde octubre lo hacía con otro -Francisco Javier P.E. el hombre que se encuentra ahora en prisión acusado de intentar asesinar a la pequeña- en Montcada. De esta última residencia se enteró Álvaro Caldas en el hospital barcelonés en el que había sido atendida su hija de varias fracturas en diciembre. Allí se presentó, libro de familia en mano, ante la negativa de Ana María de darle la dirección del lugar en que vivían. Álvaro pasó la jornada de ayer en su casa de Ontiñena y a las diez de la noche entró a trabajar en la fábrica. Sus planes son hacer horas extra como vigilante en una bode-ga de Barbastro para poder pagarse un buen abogado. «Le tenía miedo» Ana María, en libertad con cargos, apareció ayer en varios canales de televisión. Según su propio testimonio, su actual compañero sentimental trataba bien a la niña. Admitió, no obstante, que Alba «le tenía miedo». También reconoció que la pequeña es una niña triste y que, según su psicólogo, «tenía un principio de de-presión». Explicó que de no poder tener ella la custodia de su hija desearía que la tu-viera su madre. Según ella, Álvaro «no se la merece porque nunca se ha preocu-pado por ella». La abogada de Ana María explicó ayer que en pocos días abandonará el caso.

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