EL AULLIDO
El día de la mujer o la mujer de día
LA BIOGRAFÍA DE un ser excepcional como Frida Kahlo resume un poco la biografía de todas las mujeres y bien puede convertirse hoy en un sentido homenaje a la mujer trabajadora. Sí, hay quien dice que lo que no aprendemos mediante la inteligencia nos lo enseña el sufrimiento; que todo el que sufre sabe. Una parábola del sufrimiento femenino reutilizado es la pintura de la artista mexicana Frida Kahlo, pasionaria siempre contemporánea y uno de los iconos femeninos más influyentes de la Historia. Quien conozca su vida y su obra entenderá por qué se trata de una de esas mujeres universales cuyo lenguaje plástico imaginativo, intemporal y torturado produce fascinación en todo el mundo, y cuya vida más femenina que feminista contagia admiración. Todos somos un poco mejores porque una vez existió y creó esta luchadora titánica. Por eso su vida y su obra suponen una excelente recomendación hoy para hombres y mujeres pues nos insuflará a todos un poco de esa necesaria pulsión femenina. Y es que más allá de lo pictórico en los cuadros de esta artista se perciben sus buenas condiciones éticas, su idealismo, la forma ejemplar de sobrellevar e integrar el dolor físico de su enfermedad, y el sufrimiento espiritual de los engaños de su esposo, el muralista Diego Rivera. Sí, conocer a Frida supone ver de otra forma sus cuadros y de otra forma el mundo. Cuando hablo con algunos amigos pintores y críticos de arte percibo que no les gusta el legado plástico de esta creadora, pues tienen razón en que es reiterativo y está ejecutado con deficiencias técnicas y no muchos recursos expresivos. Pero he aquí un buen ejemplo que muestra como la creación está hecha principalmente de alma, no de academicismo, y por eso en su gran mayoría el público no sigue los dictados de los expertos sino que se identifica frecuentemente con lo emocionante. Sí, Frida vivió el infierno del machismo y del deterioro físico y supo extraer a pesar de todo verdades intemporales que nos regaló en su obra, y de ahí su grandeza. Cada retrato de esta sirena sin mar nos habla hoy de la lucha, de la energía vital renovable y del inconformismo pero también esos lienzos dan testimonio de un compromiso, de una época y de una vida irrepetible que, por momentos, puede ser todas. Frida vestida, desnuda, postrada, doliente, reflectante está hoy en esa lista de mujeres que revolucionaron la feminidad y la masculinidad, y así cambiaron la Historia. Junto -por ejemplo- a la insurrección sexual de Anaïs Nin, la trasgresión de Natalie Barney, la sublevación política de Victoria Camps y muchas otras, se inscribe el nombre de Frida Kahlo por su enorme talento empleado en vivir a pesar de todo, en vivir a duras penas, en vivir sin embargo. Por eso, como superando ya la violencia de género al hacer un alegato en favor de la feminidad, bien se puede homenajear una y mil veces a esta digna sobreviviente, a esta mujer apoteósica, a esta heroína de cuerpo frágil y alma a prueba de bombas. Pero nunca hemos de perder de vista que indudablemente lo que Frida hizo con su arte lo hacen hoy muchas mujeres en su batalla de cada día y eso es admirable. ¡Existe una épica femenina cotidiana! Por eso, como referentes, nunca dejarán de asombrarnos ciertas mujeres luchadoras que abrieron el camino hacia la equiparación en dignidad y derechos, y así no sólo ampliaron el mundo de las mujeres sino también el de los hombres al volverlo más completo e interesante. Probablemente sin la pintura esta mujer-coraje no habría podido soportar la corona de espinas de su existencia más consiguió en grado aceptable, agarrada a los pinceles, que el dolor no enturbiara su psiquismo. Hoy su palpitante obra nos enseña que existe un apasionante lado femenino en la cultura y en el mundo cuya aportación en términos de igualdad no sólo nos enriquece sino que nos completa y nos libera un poco a todos. Su lucha no es la lucha de las mujeres sino la de toda la sociedad, sí. Y es que la vida de Frida Kahlo fue como la de una mujer soldado que siempre estuvo en la guardia; pero no desistió, no se doblegó, no se rindió, no tiró la toalla ni se suicidó como otras mujeres brillantes contemporáneas suyas. Ha pasado el tiempo y ahora sé que Frida siempre estuvo en guardia. Y que luchó por mí.