Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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AMIGO DE LOS PERIÓDICOS desde niño, bien recuerdo la prensa de entonces. Había un kiosco cerca de mi casa, ahora hay otro. Pero antes era todo distinto: la plaza Fernando Miranda de Ponferrada consistía en un pedregal y una gasolinera. Y un solar que fue de mi tío Manolo, donde aparcaba los troncos que eran su negocio. Y un tendejón donde despachaban anís y churros al amanecer. Y el kiosco verde. Muy pequeño, como un ataúd vertical. Allí había un hombre desaliñado. Pobre. Acaso triste. Aunque debía darle igual estar triste que no, fiel a la costumbre de muchos hijos del noroeste. Poco antes de que desmontara su kiosco, allá por 1965 calculo, aquel hombre me vendió algún periódico. ¿Cuál? El Marca , que me parecía un tesoro entonces. Tal vez porque traía artículos literario-deportivos, algo que ahora no se hace. Y a mí, todavía púber, me empezó a enganchar aquello de comentar el mundo del fútbol, y de paso, la vida. Con humor y melancolía. Los dos polos que siempre están ahí. Luego ya vinieron los demás periódicos, la semilla prendió. Y supe entonces que en León había dos diarios. Uno se llamaba Proa , y yo no entendía lo del proa. Creo que es justo ahora, y lo digo con total sinceridad, y sin avergonzarme de mi despiste, que acabo de darme cuenta de que ese nombre tenía que referirse a la proa de los barcos, una metáfora muy del gusto franquista cuando ese gusto lo modelaban aquellos poetas de la Falange que luego fueron abandonando el barco. Proa tenía un tono oficial, muy oficial. Noticias de Franco por doquier y de sus jefezuelos locales, aquellos tipos de camisa azul que hablaban de solidaridad y de luceros. Y junto a Proa estaba el otro periódico, el Diario de León . Entonces tan diferente al actual. Era un medio más modesto, no contaba con los apoyos del régimen. Un día pregunté de quién era y me dijeron que de la Iglesia. Y como yo siempre prefiero al débil, y me gusta que el Cádiz le gane al Barça o al Real Madrid, pues me interesé por aquel periódico de formas discretas. Y empecé a leerlo. Me resultaba menos previsible que el otro, menos politizado; como si fuera refugio de periodistas más narrativos, más ocasionales. Algo así. Desde entonces siempre he leído con gran interés la prensa provincial. Toda, también los semanarios comarcales. Y siempre encuentro asuntos que me sugieren cosas, que refrescan la memoria, que me devuelven a mí mismo. A aquel que uno debe tratar de no dejar de ser nunca; ese niño que fue. Porque la única patria es la infancia. Bien lo sé yo que cumpliré treinta años en Valencia este verano y que, pese al cariño e implicación que he ido labrando en esta ciudad, no por ello dejo de ser un cordial desarraigado. Aunque puede que también lo fuera si viviese en El Bierzo. Que a fin de cuentas uno es raro y remoto. Aquel diario humilde de hace cuarenta años es hoy un producto muy bien trabajado. Generoso de información, con calidad de página, moderno sin olvidar sus orígenes, y raigalmente sostenido sobre la realidad de la provincia a la que sirve. Aunque sin olvidar, claro, que el planeta ya es muy pequeño y que todos los avatares nos afectan. Yo resaltaría su compromiso con la cultura. Y en ese orden el suplemento Filandón es un ejemplo sensacional. ¿Es legítimo que yo hable así de este diario en este diario? ¿Por qué no? Pertenece a mi historia. Y, en todo caso, a veces hay páginas que no me gustan, naturalmente. Me refiero a las opiniones de algunos columnistas. Como debe ser. Y matizo que esos columnistas que no me gustan, muy pocos, no escriben desde León. Es así, no es por quedar bien. Para mí este diario es una ventana. Hacia dentro y hacia fuera. Un privilegio.

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