La misión, con un coste de 220 millones, analizará el efecto invernadero en el planeta | Análisis | Los misterios del planeta «hermano» |
La sonda lanzada por Europa logra entrar en la órbita de VenusLa cara oscura del «lucero»
La investigación ayudará a descubrir cómo funciona el cambio climático en la Tierra ¿Cómo es posible qu
La sonda europea «Venus Express», en una recreación, orbitará el planeta durante 500 días
Después de un viaje de más de 400 millones de kilómetros, Europa ha conseguido por primera vez situar una sonda de observación en el vecino más próximo de la Tierra: Venus. La nave europea Venus Express consiguió ayer superar el momento más crítico de una misión iniciada en noviembre del pasado año con el lanzamiento del explorador que, tras una maniobra de gran precisión pese a su gran complejidad y dificultad, logró entrar en la órbita del planeta. Pero la operación, seguida con enorme atención desde el control de vuelos de Darmstadt (Alemania) no estuvo exenta de tensión. La maniobra se inició con el encendido del motor principal de la sonda. Luego, la nave fue dirigida en sentido contrario a Venus con el fin de que comenzara a frenar a un 15% de su velocidad inicial de 29.000 kilómetros por hora y pudiera ser atraída así por la gravedad del planeta. Después de diez minutos tensos de pérdida de contacto con la base terrestre, los científicos retomaron el control y comprobaron que habían logrado el objetivo. «Es un momento fantástico, finalmente estamos en órbita alrededor de Venus», exclamó el canadiense Don McCoy, el jefe de un proyecto valorado en 220 millones de euros. La sonda permanecerá nueve días en su órbita provisional extremadamente elíptica, de 350.000 kilómetros de apogeo (punto más alejado) y 400 kilómetros de perigeo (más cercano) del planeta. Tras ese período, será colocada en su órbita definitiva. Y a partir de ahí comenzará lo más relevante de una misión en la que la nave girará alrededor de Venus durante unos 500 días terrestres (tan sólo dos días venusianos) para estudiar su atmósfera y acopiar evidencias que ayuden a descifrar por qué también en este planeta, al igual que en la Tierra, se produce un efecto invernadero. Los científicos confían en que la misión permita descubrir, por analogía, cómo funciona el cambio climático. La sonda europea también intentará descifrar otros enigmas, como si en el origen de Venus, al igual que en la Tierra, la superficie estuvo bañada por los océanos. Ningún otro planeta, ni siquiera el nuestro, atesora tal cantidad de alegorías poéticas. Los romanos le dedicaron el nombre de la diosa del amor y la belleza; los pueblos de Mesopotamia lo identificaron con Astarté e Ishtar, sus deidades más carnales; para los anglosajones es «la estrella de la mañana», y «el lucero del alba» en castellano castizo. Visto desde la Tierra, Venus, su vecino más cercano, es el planeta más brillante, el primero que alumbra la noche y el último cuya luz se desvanece al amanecer. Es también el más parecido a la Tierra en términos geológicos -los dos rocosos-, similares ambos en masa y peso, y diametralmente opuestos en lo atmosférico. Porque detrás de tanto epíteto bello se oculta una cara muy oscura. Venus es el averno para la vida humana. Si alguna vez hubo agua líquida en Venus, hoy ya no. Las temperaturas en superficie lo convierten en un horno de 500 grados Celsius, la presión es 90 veces superior a la de la Tierra, y el dióxido de carbono (CO2) emponzoña su atmósfera cubierta por una densa capa de nubes con partículas de ácido sulfúrico. Efecto invernadero La atmósfera venusiana trae de cabeza a los astrónomos desde la antigüedad. Hoy en día, los científicos esperan descifrar la dinámica de su potente efecto invernadero, el más intenso del Sistema Solar, y atisbar si anticipa algo sobre el futuro de la Tierra. Las preguntas se acumulan a la espera de que la Venus Express aporte algo de luz. ¿Qué causa el enigmático fenómeno de super rotación atmosférica de cuatro días? ¿Cuál es el origen del doble vórtice de su polo norte? ¿Sigue activo el intenso vulcanismo que ha modelado su orografía? ¿Cómo afecta el viento solar a un planeta sin campo magnético protector? Y quizá la cuestión más intrigante de todas, ¿cómo es posible que dos planetas tan similares como Venus y la Tierra evolucionaran de manera tan distinta? Todos estos interrogantes hacen de Venus un astro «único en el Sistema Solar». «Comprenderlo es muy importante», apostilla Hakan Svedhem, uno de los científicos de la misión. En muchos sentidos, Venus genera casi tanta fascinación como Marte. La incursión en territorio venusiano es una muestra de «madurez» de la Agencia Espacial Europea, a juicio de su director general, Jean-Jacques Dordain, y reabre un capítulo de la carrera espacial cuando ésta era un pulso entre EE.UU. y la antigua URSS.