| Crónica | Un año de Benedicto XVI |

A la espera de alguna reforma

Fotografía tomada el 19 de abril del 2005 tras ser elegido Papa

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colpisa | roma

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El Papa alemán Joseph Ratzinger, de 79 años, que reina sobre casi mil millones de católicos con el nombre de Benedicto XVI, termina hoy el primer año de su pontificado sin haber realizado las audaces reformas esperadas para resolver la crisis de la Iglesia católica. Aquellos que esperaban que el pontífice conservador y culto se revelara un hábil reformador quedaron frustrados. El Papa quiso ante todo durante su primer año de papado clausurar la «era mediática» que había inaugurado con éxito su predecesor Juan Pablo II y buscó reanimar los «fundamentos» de la Iglesia, indicando a obispos, sacerdotes y laicos la única dirección a seguir para salvar a un mundo sin brújula. Benedicto XVI se comprometió a seguir el diálogo con los demás cristianos así como con los judíos y musulmanes, un tema prioritario para Juan Pablo II. Pero el experto en historia del cristianismo, Alberto Melloni, sostiene que la atención del Papa alemán «está dedicada toda a los problemas internos de la Iglesia y no a los externos». Su primera encíclica, presentada el pasado 25 de enero y titulada Dios es amor , recalca el aspecto espiritual de la Iglesia y advierte sobre los excesos del activismo que padecen numerosos católicos. El teólogo rebelde suizo Hans Küng, quien se entrevistó con el Papa en septiembre del año pasado, sorprendió al reconocerle la posibilidad al pontífice conservador, su amigo y colega en el pasado, de querer abordar asuntos como el celibato y la moral sexual. Más conservador «Espero que convoque un concilio para discutir esos problemas», aseguró. «Se da cuenta de lo que ocurre y sabe que la situación de la Iglesia es grave», aseguró al señalar que las vocaciones han disminuido. Benedicto XVI no ha dado algún paso en esa dirección. Al contrario, ha intentado un acercamiento con los católicos ultraconservadores del cismático monseñor Marcel Lefebvre y no se descarta que los autorice a oficiar la misa en latín, como piden. Pero muchos cardenales se oponen a la reintegración de los lefebvristas mientras sigan oponiéndose al diálogo con las otras religiones. Resalta más bien la visión pesimista de Benedicto XVI, quien ha pedido en numerosas ocasiones a los católicos que defiendan la familia y se opongan con todas sus fuerzas a los ataques contra la vida, desde su concepción hasta su muerte natural.

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