CORNADA DE LOBO
Mis orquídeas
ANTES que los leoneses son leonesas las orquídeas. Cuatro o seis variedades de ellas llevan siendo paisanas de esta tierra unos cuantos miles de años que ni soñamos. Nosotros llegamos anteayer de un cruce entre indoeuropeo y loba, trucha y mono, astur y cantabrón, lusitano y maragata, romano y mozárabe, visigodo y cordobés, sacristán y carnero, gallego y navarro, carbonero y francesa, portuguesa y ratonero (a veces perro, a veces gavilucho)... de entre los doscientos o trescientos padres que han dejado un rastro indeleble en nuestro código genético... el algodón del adn no engaña... mejor, que ni nos miren... y encarguemos un escudo de esos que se venden por correo con las armas nobles y heraldos tallados de los García, pongo por caso, como si cualquier García descendiera directamente de la pata trasera del caballo de Ordoño II, cuando resulta ser el apellido más numeroso de entre las muchedumbres de péreces, lópeces o martíneces, lo que viene a sugerir o vocear que la supuesta nobleza originaria del apellido, aquellos hidalgos pastorones, no sólo empreñaban a mansalva fuera de su corral, sino que debían ser tontos de leyes o remates y acababan dando apellido a todo su desafuero; valientes pringaos. Ahora que mucha gente tiene «con qué» se inventa o se compra un «por dónde». La primera pasta que invierte un pobre o un hortera es en no parecerlo, aunque generalmente acaba siéndolo el triple al adornarse sin percha de signos externos y extremos; lo primero es lo primero. Florecen. Se carrozan. Ostentan. Y exageran... Ese, exactamente, es el instinto de las flores efímeras y de los que no saben si lo que tienen lo sueñan o lo imaginan. Por eso está en alza y moda lo de los escudos por correo o el «tunnearse» el culo y las tetas. Entre los apellidos que conozcas quizás haya una orquídea, pero es cosa rara. Ocurre igual en la variada flora autóctona de estos páramos y montañas donde sobrevive esa media docena de distintas orquídeas, rareza botánica que llama a perplejidad en esta patria del hielo. Son orquídeas menudas y, aunque fascinantes, pasan desapercibidas para quien pasta paisaje. Por desconocidas son despreciadas. Me asombra una que crece en Carucedo y simula una abeja. Ya te contaré cómo he pervertido a unas primas suyas.