Cosas de aquí y de allá | De lo divino y lo humano
2.550 años después de Buda
Los coreanos celebran el aniversario de su nacimiento rezando por la paz en una península dividida y proclamando que en los cambios necesarios «no intervengan los fusiles ni las espadas»
Cientos de miles de surcoreanos visitaron ayer los templos budistas de este país y desfilaron con linternas con forma de flor de loto para celebrar el nacimiento de Buda, hace 2.550 años, y rogar por una paz definitiva en la península de Corea. En esta jornada de celebraciones, que coincide también con el Día del Niño en Corea del Sur, el presidente del país, Roh Moo-hyun, lanzó un mensaje de concordia que hizo extensivo a los vecinos en Corea del Norte, donde el espíritu estalinista prohíbe este tipo de manifestaciones religiosas salvo como «curiosidad antropológica». «Estamos viviendo en un mundo en el que las invasiones y la agresión son algo común. Dejemos que el espíritu de Buda descienda sobre la gente e introduzca cambios en los que no intervengan los fusiles ni las espadas», dijo Ji Kwan, uno de los líderes budistas de la orden Chogye, que no oculta su cercanía al actual Gobierno. Uno de los templos que reunió a más fieles fue precisamente el de Chogye, en el centro de Seúl, al que acudieron más de 10.000 personas a hacer sus ofrendas y encender sus lámparas con forma de loto, una planta acuática que simboliza para los budistas la iluminación hacia la que debe tender todo buen creyente. Esta es una de las costumbres más pintorescas que pueden verse en un día como este en las calles de la mayor parte de las ciudades y pueblos de un país en el que una tercera parte de una población de 48 millones de almas se considera budista. Ya el pasado domingo se celebró en Seúl una larga procesión en la que participaron decenas de miles de budistas con sus faroles de flor de loto, aunque los más pequeños preferían las lamparillas con formas de peces, tortugas, dragones y otros animales considerados de buen agüero para los coreanos. En Chogye podían verse ayer multitud de niños con las cabezas afeitadas y ataviados con túnicas grises, símbolo aquí del budismo, que recitaban mantras y ofrecían frutas e incienso en honor del iluminado señor Buda. Estas escenas idílicas contrastan con las vividas hace una década, cuando eran habituales las batallas campales entre las diversas facciones de los monjes de Chogye a fin de hacerse con la supremacía en esta secta. El budismo fue introducido en este país hace unos 1.600 años procedente de China y tuvo su mayor esplendor durante la dinastía Koryo (935-1392), para después perder fuerza en la época Chosun (1392-1910) ante el avance del confucionismo, otra de las grandes creencias, junto al cristianismo, practicadas en Corea del Sur.