EL PULSO Y LA CRUZ
Con la alforja llena
Entremos fuerte, con la alforja llena, en estos tiempos pascuales, primaverales y de alto el fuego permanente (según dicen). Comencemos por mañana mismo. Se nos juntas tres cosas que, como no ande uno atento, se nos van el santo al cielo y las jornadas a la papelera. Verán. Resulta que mañana es el Domingo del Buen Pastor y, por eso, se suele subrayar la idea de que es el Día del Párroco (cuídenmelos bien, por favor, que van siendo menos y se van haciendo viejos) y, por extensión, el Día de la Parroquia. Perfecto: la jornada para caer en la cuenta de que formamos una familia de hermanos en la fe, pastoreados por uno o varios representantes de Cristo, Buen Pastor por antonomasia. Más. Mañana celebramos también la Jornada de Oración por las Vocaciones consagradas. Si la crisis de vocaciones al sacerdocio secular en nuestras diócesis es evidente (nuestros Seminarios bajo mínimos), el descenso de vocaciones a la vida religiosa (frailes y monjas, para entendernos) es alarmante. A poca memoria que tengamos, seguro que podríamos citar ya varias obras de religiosos y religiosas (casas, colegios, asistencias sanitarias...) que se han tenido que cerrar o se han tenido que transferir a otros propietarios por falta de brazos propios que las sostuvieran. Y esto no ha hecho más que empezar. Alarmantes los datos, aunque uno no deba ser alarmista. Pero más aún: no perdamos la perspectiva. Lo digo porque, con relación a la vida consagrada, lo primero que hemos de contemplar los creyentes no es tanto lo que hacen (que hacen, vaya si hacen; pregúntenle, si no, al Gobierno español sobre cuánto ahorran sus presupuestos con el «curro» de los consagrados y consagradas, presentes en centros educativos y asistenciales). Hemos de contemplar, sobre todo, lo que son y lo que significan; lo que llevan a cabo es sólo la piel del entramado de huesos y músculos, o sea, de lo importante. Y lo importante es, nada más y nada menos, que lo que entraña la elección de seguir a Cristo en desprendimiento total (pobreza, castidad y obediencia, además de la vida comunitaria en muchos casos). Con su vida nos están señalando que es posible vivir de otra manera, con la felicidad que da el haber escogido la mejor parte. Son el apoyo y el estímulo para nuestra esperanza, porque nos permiten ver a lo vivo que el enunciado de las bienaventuranzas no es un cuento chino. Gracias, hermanos consagrados y hermanas consagradas (en la vida activa, en la vida contemplativa y como institutos seculares), por lo que hacéis...y, sobre todo, por lo que sois. Conste en acta. Ante tamaña importancia, qué menos que lanzar al cielo una plegaria por la perseverancia de quienes están dentro (que nunca sobra) y por la respuesta de quienes están fuera y están siendo llamados. Por último, una alusión a que también mañana tiene lugar la llamada Jornada de las Vocaciones Nativas, antes del Clero nativo, antes del Clero indígena, para recordarnos nuestros deberes de solidaridad hacia las vocaciones de las tierras de misión. Que, dicho sea de paso, son las llamadas con el tiempo (y no muy lejano) a sacarnos las castañas del fuego a las viejas cristiandades de Europa y América del Norte. Las castañas de la atención a las comunidades establecidas, del sostenimiento de las obras sociales, del apoyo a la nueva evangelización en los areópagos postmodernos. De hecho, ya contamos en España con testigos de la fe que vienen de las tierras hasta ahora consideradas como deficitarias en vocaciones. Se está dando la vuelta a la tortilla. Lo que es un orgullo para ellos y un aldabonazo para nosotros. ¡Ojo, pues, al dato!. Unos apuntes para la semana. El primero sea de felicitación para los 11 sacerdotes de Astorga que el miércoles serán homenajeados por sus cincuenta (8 de ellos) y veinticinco años (los 3 restantes) de sacerdocio. La fiesta coronará la celebración de San Juan de Ávila, patrono del clero secular. En León la celebración semejante se traslada al día 22. El segundo es un aviso para que se atienda: desde mañana y hasta el miércoles la Delegación de Pastoral Familiar organiza, en el Albéitar (Sala Gordón Ordás), a partir de las siete y media de la tarde, las IX Jornadas de la Familia, en torno a un tema palpitante: «La transmisión de valores en la familia». Que aprovechen.