Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Dos años después

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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LLEVAMOS dos años gobernados por una composición enteriza, documentada y preparada para cualquier evento de los que suelen producirse. Dos años de gobierno dirigido diestramente -no nos atrevemos a arriesgar ningún otro calificativo, no sea que en el camino se nos confundan los términos y la doctrina, como nos sucedió en una ya tristemente famosa entrevista- de cuyo tránsito pro la vía política, económica y cultural habrá mucho que hablar, que analizar y que descubrir. Por lo que llega hasta nosotros, mal dotados de información, las previsiones se cumplen, y todos aquellos pronunciamientos electorales que se mencionaron en su día, tienen en la actualidad su confirmación más provechosa, siempre ¡ay! dentro de lo que cabe. Hemos abandonado la guerra de compromiso, aunque otros compromisos internacionales nos impongan obligaciones igualmente ingratas, pero todos esperamos que, con un poco de paciencia, de resignación, de prudencia y de vista larga, seremos merecedores de que todas las previsiones favorables se cumplan. «Ya somos mejores que ayer», se proclama. Y ciertamente hemos de confesar que, a pesar de que todas las poderosas y nefastas nubes que cubren nuestro horizonte, llegará un momento feliz en el cual se nos descubran las rutas que hacia la tierra prometida nos conducen. Y se borrará de nuestro horizonte la línea negra de la violencia; y se alcanzará el objetivo de extender la mano a diestro y siniestro, sin la sospecha de que pueda empuñar el cuchillo traidor. Podemos confesar y confesamos que todas o gran parte de las dudas que cubrieron toda la primera etapa del gobierno de José Luis R. Zapatero se han disipado y ya nos entregamos a la confiada esperanza de que se cumplan todos los objetivos previstos por los unos, por los otros y por los de más allá. No serán fáciles los días venideros. Sobre nosotros se gestan nubarrones que amenazan guerras; los pueblos postergados se apresuran a incorporarse y formar parte de la geografía de los pueblos dignos de figurar entre las comunidades donde los hombres y las enfermedades no constituyen partes de la angustia universal. No depende de nosotros ni siquiera la composición de la escena en la que estamos comprometidos, sino de aquellos estados poderosos que nos anuncian la invención de novísimos medios de destrucción. Y España es una figura inferior en este ajedrez de la muerte. Dos años no son demasiados años para considerar cumplidos todos los objetivos, pero los hechos que desfilan ante nuestras pantallas nos permiten esperar el cumplimiento cabal de todas las contingencias favorables. Quizá para ello, los hombres responsables deberán tener en cuenta los intereses generales para evitar que España, por su situación geográfica o por su vocación misional, se convierta en un aparcadero de todas las embarcaciones humanas amenazadas de hundirse y que estiman la generosidad como una demostración de debilidad. Bien está que todos nos cubramos de gloria misericordiosa pero no a cuenta de la complicidad con los salteadores de pueblo a cuenta de un mal entendido espíritu democrático. Porque la democracia bien entendida, como la caridad, empieza por uno mismo. 1397124194

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