El Pontífice destaca en Polonia la ceguera y pasividad del pueblo germano durante la guerra
El Papa acude a Auschwitz «como alemán» para condenar el nazismo
Benedicto XVI implora el perdón de las víctimas y asegura que su visita es un deber ante Dios

El Papa Benedicto XVI visitó ayer los campos de concentración y exterminio de Auschwitz y Birkenau, donde se presentó «como hijo del pueblo alemán» y condenó duramente el nazismo. Asimismo, el Papa imploró la reconciliación «con Dios, con los hombres que sufrieron y con todos los que actualmente sufren bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio». «Estoy aquí como hijo del pueblo alemán y por ello tenía que venir. Era y es un deber frente a la verdad y al derecho de cuantos han sufrido, un deber ante Dios», dijo el Papa en el emotivo discurso que pronunció en el campo de exterminio de Birkenau, el mayor del gigantesco complejo de dolor y muerte que ha pasado a la historia como Auschwitz-Birkenau. «Soy hijo de aquel pueblo en el que un grupo de criminales alcanzó el poder mediante falsas promesas, en nombre de perspectivas de grandeza y de recuperación del honor de la nación y su relevancia», afirmó el Pontífice. Con Juan Pablo II Benedicto XVI añadió que mediante «previsiones de bienestar y con la fuerza del terror y de la intimidación, nuestro pueblo (el alemán) pudo ser usado y se abusó de él como instrumento en la locura de destrucción y de dominio». «Sí, tenía que venir», añadió el Papa, que recordó que ya acompañó a Juan Pablo II en su visita a este complejo de la muerte en 1979 y que volvió en 1980 con un grupo de obispos alemanes «horrorizados a causa del mal» y esperanzados de que sobre esas «tinieblas se alzara la estrella de la reconciliación». En medio del silencio de los presentes, el Papa agregó: «el objetivo de mi estancia hoy, aquí, es para implorar la reconciliación, con Dios, con los hombres que han sufrido y con todos aquellos que en esta hora de la historia sufren de nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio». Benedicto XVI recordó que Juan Pablo II visitó estos campos como «hijo del pueblo polaco, la nación que en su historia sufrió múltiples agresiones...y no lo dijo para acusar, sino para recordar». Subrayó que la violencia no crea paz, sino que sólo suscita más violencia. Ratzinger dijo que Auschwitz-Birkenau es un lugar de la memoria y el Holocausto y donde el pasado no es sólo pasado. A este respecto recordó que en los campos hay colocadas lápidas en diferentes idiomas, entre ellos español, en las que se habla del dolor humano «y dejan intuir el cinismo de aquel poder que trataba a los hombres como material y no les reconocía como personas». Comentando las placas, el Papa señaló que «los poderosos del III Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad» y que en el fondo, «aquellos criminales violentos, con la liquidación del pueblo judío pretendían asesinar a Dios».