McKinley (6.198 metros)
El temporal da una tregua
Por fin, cesan los fuertes vientos y Calleja y su expedición pueden disfrutar del sol por unas horas de camino a alcanzar la cima a donde llegarán en tan sólo unos días
ESCRIBE: Estimados amigos y lectores, os escribo desde el campo IV, a 4.350 metros, y la gran noticia es que el temporal ha remitido y hemos visto durante tres horas el sol. Esto nos ha permitido, entre otras cosas, cargar las baterías para poder enviaros esta crónica, y espero que podamos disfrutar de él algunas horas más en los días que nos queden. Ahora os resumo la cronología desde la última conexión. Como sabéis, habíamos regresado el día 12 desde el porteo del campo IV al campo III, situado a 3.300 metros, donde después de una agotadora jornada pudimos descansar, pero por muy poco tiempo, pues a las 7 de la mañana ya estábamos en pie para desarmar por completo este campo y dejar enterrado un depósito con comida y combustible para el regreso. Esta montaña es de tal dimensión que hay que ser muy buen estratega para disponer siempre de combustible y comida a lo largo de la ruta de aproximación, pues un temporal te puede dejar bloqueado en cualquier punto. No dejar perfectamente la ruta abastecida en depósitos que marcamos con cañas de bambú, seria la peor de las imprudencias. Un premio para la vista El día 13, una vez llenado de nuevo nuestras mochilas y porteando dos de los trineos en lugar de los cuatro, ascendimos por las duras rampas que dan paso a una hermosa arista aérea, desde donde contemplamos por primera vez el grandioso espectáculo de las montañas que nos rodean. Sólo esta visión ha merecido todo el calvario por el que hemos pasado. Esta arista da paso a otras palas de hielo azul de 50 grados de inclinación. En este pasaje dejamos los higadillos, pues acarrear una mochila de 30 kilos y un trineo todavía más pesado es de lo más tremendo que he realizado como esfuerzo físico. Me sentía como un burro detrás de una zanahoria. Pero paso a paso vamos ganado altura hasta situarnos en el Windy Corner , que nos recibe con el fortísimo viento que aquí siempre sopla. Una vez pasada esta parte de la ruta, accedemos a un glaciar lleno de grietas gigantes. Algunas tienen hasta 20 metros de anchura y más de 50 de profundidad. La ruta es bastante segura porque somos muchos los escaladores que nos damos cita en estas fechas para alcanzar la cima del Mackinley y eso hace que la huella esté bien marcada. Pero os contaré una anécdota: yo encabezo la cordada, e inmediatamente detrás está mi hermano, luego Andrés y por último Iñigo. Entonces, se desencadena una de esas ráfagas espantosas de viento y la visibilidad decrece a sólo 5 o 10 metros. Me despisto de la huella y nos salimos como 20 metros a la derecha. Kike pega un grito y noto como se tensa la cuerda de seguridad que nos une. Miro hacia atrás y veo a mi hermano colado hasta la cintura en un grieta. Salió por sus propios medios pero aquí es cuando uno se da cuenta de lo importante de hacer bien las cosas. No deja de ser una anécdota a pesar del susto de Kike, pues nuestra cordada es de libro y sería imposible que nos pasara algo. Ahora, día 14, estamos en el campo IV aclimatándonos, al igual que mañana. Y si el tiempo se estabiliza el día 16 subiremos al campo V a 5.200 metros, pasaremos una noche y si estamos físicamente bien y aclimatados haremos un intento a la cima. Pensamos que el sábado o el domingo podemos llegar a esta esquiva cima de 6.196 metros. Pero antes pelearemos con el viento y el frío. Si hay suerte, la próxima crónica será para deciros que hemos hecho cima. Mis compañeros, así como mi hermano y yo, queremos saludar a nuestras familias y amigos, por la paciencia que tenéis y los malos ratos que os hacemos pasar. Pero es nuestra pasión y tenéis que comprendernos. ¡Gracias!. Jesús Calleja desde la salvaje Alaska.