Diario de León
Pedro García Trapiello

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MONTAÑONA de pastizara llovida de ese cielo oro-cobrizo de las finanzas más brutas del planeta les lloverá a los pobres que se verán agraciados con las «obras son amores» de la fundación del matrimonio Gates, porque Warren Buffet, que es nuestro hombre, ha enchufado a estos fines benéficos la mayor parte de su fortuna, la segunda más bestia del mundo... y ha extendido un talón como quien se paga unas cañas por treinta y siete mil millones de leandros (dólares) que equivalen a más de cuatro billones de leandras (pesetas), mucho más que todo el presupuesto de la Onu que se fuga tantísimas veces por los furacos de comisiones, comisionados, comisarios y comisionistas. Ese Warren ha de ser necesariamente un tipo grande, enorme, o le ha dado un ataque de benditísima locura, ataque de intensidad parecida, pero inversa, al que habrán sufrido algunos herederos que pueden pensar o proclamar ¡el abuelo está demente!... Sostiene Buffet como principio económico inapelable que las grandes fortunas no deben traspasarse ni fracturarse en los herederos (que se lo curren como él, nieto de un tendero de ultramarinos en Omaha). Los hijos de testamento gordo suelen constituirse en sala de desguace (y los nietos, en liquidadores a tumba abierta). Y ha preferido sumarlo a la filantropía de la Bill-Melinda Foundation... porque cada día que amanece crece en hectáreas y en vergüenzas la geografía del dolor, del hambre y de la ignorancia, envilenciendo aún más a los pobres y encanallando a los ricos. La figura de Buffet es la del viejo y típico indiano que estrenó el s. XX apaleando plata en las américas y regresó a su tierra con ganas de casona firulí y de dejar algunas mandas testamentarias para levantar unas escuelas, dotar maestro, redorar el retablo, pagar la música de las fiestas o mantener un patronato pío, muchas veces por redimir culpas o comprarse un cielo. Hoy ya no asoman indianos muníficos, aquellos sierrapambleys, pablosdíez o carballos. Los ricos de ahora son hijos del lema «dinero tieso no cree en Dios», así que cuando lleguen a su vejez podridísimos de pastorra no será probable que hagan estas donaciones generosísimas para poder comprarse perdones y un reclinatorio en la Gloria o, al menos, fama y devoción obligada en esta tierra después de muertos.

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