CORNADA DE LOBO
Deconstruyendo
MODA es, oro parece, plata pide y de los cuetes está. Es la deconstrucción que asoma en modernez cuando sobre lo construído ya no se consigue que aparezcan ideas nuevas... y se desmonta, se separa, se mezcla estancamente para descubrir, entonces, la tortilla líquida y deconstruída en una copa del Adriá, la mantequilla asada en la cabeza de un arquitecto divino o un plan político de Pascual Taifas, Arnaldo Sarracín o Pepeluí Califatos. Stanley Payne, voz autorizada en la historia moderna de España -y de forma especial en la Guerra Civil-, dijo el otro día en Aranjuez que esto que ves aquí, oh Fabio, este país de países y nación de naciones «puede ser el primer estado en deconstruirse en Occidente». No se trata de una simple fracturación federal o deconstrucción autonomista, sino una vocación de pedir la hijuela y dar portazo. Dice Payne que ha vuelto a España un utopismo de izquierdas y aquí es donde yo empiezo a ponerle reparos a su sagacidad profesoral. ¿Izquierdas?, ¿utopismo?, ¿dónde ve tal?... Debería saber el ilustre historiador que los nacionalismos que supone impulsa ahora una «izquierda» española -que en ello parece estar- son siempre nacionalismos de derechas, la guarida de lo local, el «yo primero» con la peña en adoración al Ombligo de Oro frente al internacionalismo con que dice se adornó un día esta izquierda rosa que tiene que abrir trincheras y exhumar pasados para averiguar que una vez debieron ser rojos y, así, poder vestirse con una camisa que, de enterrada, se pudrió... y de tanta sombra, decoloró. La deconstrucción del país que a algunos les parece cierta no es más cosa que componenda de cocina y teatrillo gastronómico para darle gusto al voto y parecer modernos ahora que somos ricos con mantel... y para que zampen con regüeldo los de siempre. El sarampión nacionalero en realidad no persigue el «solos podemos», sino el solos y menos comemos más, solos nos colocamos mejor... y solos habrá más cargo y empleo en el tesoro, que cada vez somos más en la cola. Puesta en original, la España que se contruyó con ganas de imperio, decide dar un ejemplo de autoinmolación y displicencia suicida; que aprenda el arrogante e imperial Occidente: «pues ahora, nos deconstruímos, hala». Y, como la tortilla firulí, se servirá en copa... para que brinde el tonto o el enemigo.