El trabajo abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el envejecimiento como factor de riesgo
Un estudio con un gusano permite establecer la relación cáncer-edad
Las mismas proteínas implicadas en el cáncer desencadenan el envejecimiento
¿Por qué las personas son más propensas al cáncer a medida que van envejeciendo? Un artículo recién publicado en la prestigiosa revista Science podría responder a esta pregunta, según explica el especialista Richard Levick. Científicos británicos y norteamericanos han descubierto que una proteína que producimos de modo natural y nos protege contra el cáncer, puede ser además la que determine cuándo vamos a morir. Estos descubrimientos abren la puerta a nuevas investigaciones sobre el envejecimiento como factor de riesgo de contraer cáncer. «Hemos descubierto que las proteínas que evitan la aparición de cáncer en las personas, haciendo que las células dañadas no se dividan, son las mismas que determinan la duración de la vida en los nematodos», ha explicado el doctor Gordon Lithgow, que realizó el descubrimiento en la universidad inglesa de Manchester. «Nuestra investigación ha demostrado que estas proteínas testigo, que creíamos que sólo funcionan en las células que se dividen, también lo hacen en las que no se dividen. El hecho de que tengan una doble función abre nuevas puertas al estudio de la relación entre cáncer y envejecimiento». Proteínas del envejecimiento Desde hace mucho tiempo, los científicos ya sabían que, estadísticamente, el envejecimiento es un factor importante en la aparición del cáncer, pero no habían descubierto el mecanismo. El doctor Lithgow sigue explicando: «Si consideramos estas proteínas testigo como un engranaje, sabíamos que ese engranaje es el que pone en marcha el motor del cáncer. Ahora sabemos que también pone en marcha el motor del envejecimiento. Este descubrimiento tiene un potencial enorme para estudiar las posibles relaciones celulares entre cáncer y envejecimiento». La investigación se completó en el Buck Institute de California, Estados Unidos, donde el doctor Lithgow trabaja en la actualidad. Ha consistido en eliminar genéticamente las proteínas testigo del nematodo C. elegans y comprobar que así se prolongaba del 15 al 30 por 100 la duración normal de la vida del gusano. El doctor Lithgow continúa explicando: «Dado el papel que sabemos que tienen estas proteínas en el desarrollo del cáncer o en la aparición de tumores cuando están defectuosas, nuestro descubrimiento plantea la cuestión de si las variaciones genéticas de las proteínas en las personas producen riesgo de cáncer. Y al contrario, si pueden evitar el cáncer, aunque quizás a costa de acortar la vida». Por su parte, el doctor Dale Bredesen, director general y científico del Buck Institute, añadió: «Este trabajo aporta nueva riqueza y sofisticación a nuestros conocimientos sobre el envejecimiento. Si lo desarrollamos con inteligencia, podremos diseñar estrategias consistentes en mantener a las proteínas testigo activas para evitar la división celular, y al mismo tiempo hacer que no influyan sobre las células que no se dividen, como las del cerebro, es decir, las neuronas. La supervivencia de las neuronas puede ser un paso importante en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer».