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VOLVIENDO de San Feliz, Torío arriba, Torío abajo, según se vaya, el tren cruza la memoria, tren traquetero antaño, hoy con línea japonesa en su diseño. Así que, viajeros al tren. Es domingo. Bien de mañana, hasta la sombra del andén está anunciando con exactitud la chicharrera que hará a mediodía en Garrafe, Pedrún o Boñar. Familias, críos, bultos, bolsas, prisas, paisanas en negro embutidas... y, al fondo del andén, unos cuarenta guajes uniformados, en formación, aunque en descanso mochilero, y esperando a ser disciplinadamente embarcados con destino al campamento de La Vecilla, «montañas nevadas» de sol y consignas, «soy almogávar» de flechas y pelayos... los mandos gritan lo suyo y el silbato de uno de ellos está empezando a desquiciar a un jefe de estación muy suyo que alega que allí el pito sólo lo toca él... y ya está dispuesto a tocarlo blandiendo en alto su bandera, que no parece bandera, sino palitroque... Arranca el convoy ferroviario como si fuera un tiro de mulas con carretón atestado, esto es, a trompicones hasta uniformar la velo, que nunca será velo ni cuando llanea ese tren «especial» y domingón por la vega plana de Palazuelo y por ahí. Los vagones paridos con madera machihembrada tienen en cada extremo su plataforma de acceso con verjas balconeras y cancillas para franquear el paso entre vagones y, a la vista del peligro, los topes, el enganche, la manguerona de los frenos y las cadenas de seguridad batiendo percusiones que ponían una oportuna base rítmica al cancionero berrado por chavalerías y escapados que nos gustaba viajar en aquellos estribos con la ventolera en los morros y carbonilla en los lagrimones. Todos a cantar: «La infanta doña Eulalia se tapaba el tipití con una dalia; la infanta doña Isabel se tapaba el tipití con un clavel; moraleja: hay que echar de España a las infantas por el mal uso que hacen de las plantas»... y seguíamos berrando y, los más osados, haciendo equilibrios o piruetas temerarias... En San Feliz se baja un porrón de personal. En cada estación y apeadero siembra el tren familias domingueras y son pocos los que eligen de Boñar arriba porque eso sería perder en el tren todo el día y el culo traquetreado. A las nueve regresará el «especial» y aquel será otro domingo pobre criando recuerdos ricos.

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