Diario de León
Pedro García Trapiello

Creado:

Actualizado:

MIRA a lo que no arde. Llevas semanas enteras con los ojos llorando unas lágrimas que son adobes de ceniza. Descánsalos y báñalos en estas aguas de vega vaja. No vayas a las fuentes altas de la montaña porque allí se te nublará de nuevo la mirada con un horizonte de humos tendidos, sudario de la chamusquina nacional procedente de Galicia (como el fresco general). Aquellos montes que dejaste atrás parecerán escombreras de carbón hasta que cien lluvias no los laven y comience un rebrotar que maquille el crimen. De todo lo que se quema en España, tan sólo un quince por ciento se repuebla. Lo que quede yermo y descarnado será tierra mordida de erosiones, tapiz de matojo y broza como mucho, otra puerta que dejamos abierta al simún del desierto que ya nos está soplando en la espalda árida de este pellejo a la retestera. Ven a ver estos hayedos a los que también el fuego ha mordido tantas veces; pero aprendieron a escaparse de él y por esos trepan por las peñas donde hacen bosques para soñar que el imperio del árbol volverá (cuando el hombre blanco olvide el mechero y su mala folla). Vente a un molino de estas riberas; los molinos no suelen arder. El agua es la madre, aunque ahoga; el fuego es padre, pero devora. Hagamos un pacto entre los dos; pero no llames nunca al viento. De pequeño nos hacíamos preguntas terribles que sólo los niños no esconden: ¿Qué prefieres: morir ahogado o quemado?... ¿Y quién no decía ahogado? Lo explicaban: si a quien se está ahogando le ofrecen un hierro candente, no dudaría en agarrarse a él, aun sabiendo que perdería su mano. Vente a este molino, siéntate en la pontona, descuelga los pies hasta el agua de esta presa que llega muda y sólo reza si chorrea sobre el rodezno. Cuando pises así el agua, el tendón de Aquiles será proa de dos lanchas que corren a ninguna parte; es el agua quien viaja a lo incierto. ¿Quién la meará, quién la robará, qué sed aliviará hasta que llegue al mar?... Vienen por el aire ahora -como cebada al rabo del burro muerto- unas pocas gotas que aplacarán la asfixia y quizá las hojas puedan brillar de nuevo sin esa gabardina de cenizas que ahora las visten de entierro otoñal. Dicen que son lluvias, pero no es verdad; son lágrimas de un cielo que está de luto.

tracking