Diario de León
Pedro García Trapiello

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FRÍO en el rostro, toma agosto. Comienzan las rituales exclamaciones lastimeras de todos los años: mierda, se terminó el verano, sansejodió y sanseacabó ya están aquí. Sopla a la tarde de estas tardes un bris que por esas montañas llaman calabrón o caladrón... y borina, si viene con niebla asturiana resbalando peña abajo. Es un frío golondrinero que baja a los vencejos de su altura. Llovió menudo. Eso sólo lava la cara, no empapa ese pie ya seco o quemado. ¿Reverdeció alguna vez una esterilla de esparto por lloverle encima?... Así estos campos ya agostados. Pero el agua es la madre, sólo en humedad se concibe vida. Que llueva, que llueva... Ha sido la Virgen de la Cueva. Estas chaparrillas de agosto se estrenaron en su fiesta, la de ochocientas vírgenes españolas y veinte mil más que tienen nombre distinto en el orbe católico. Cada cual venera la suya e ignora las demás, si no desprecia, porque hay cristianos que se atizan llevando cada cual su virgen en andas, como en la Valdueza. Heredamos cierta propensión a la idolatría milagrera que el cristianismo nunca resolvió, bien al contrario (ni tampoco el protestantismo, que empezó de puro superando imaginerías, supersticiones y bulas a veinte duros... y ya ves). Las vírgenes españolas, italianas, polacas o filipinas son madres nacionales de cada sitio, del clan, de la región... ¡de los míos! A las vírgenes las convierten en una bandera más que representa y defiende la diferencia, el derecho o el privilegio con que se miden las gentes y perrean. Vírgenes distintas, pero son una sola, la misma, dice el catecismo. ¿Qué pasaría si se intercambiara temporal o definitivamente la de Covadonga con la del Pilar, la de Monserrat o del Camino?... Habría levantamiento popular y grandísimas olas de indignación exigiendo devolver cada imagen a su sitio, a su tribu, porque sólo a esa pueden tenerla por su ídolo nacional, su signo en batallas, ruegos y victorias. Pero ¿por qué siendo una sola hay vírgenes que han hecho muchísimos milagros y otras de pueblo o ermita ninguno?... Es por estar hechas a nuestra talla y semejanza, vírgenes de teatralidad de basílica, de procesión con chundarata popular, de medalla y vírgenes casi anónimas -las más adorables- a las que sólo rezan cuatro viejas que, además, no piden para ellas.

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