EL AULLIDO
Manolo Valdés
UNA BUENA FORMA, amor, de iniciarse en el placer por el arte abstracto son los cuadros de Manolo Valdés actualmente expuestos en el Museo Reina Sofía. Es arte abstracto pero bien estructurado y en el que hay figuración referencial. Pero olvida sus guiños y piensa en su obra. Repara en sus emocionantes texturas. No trates de entenderlo todo sino de entenderte. No creas que cada cuadro o escultura es una pantalla sino una ventana. Entra. Y contágiate con cada sutileza de este pintor. Sumérgete en su personal orden; en su efervescente rebeldía; en su ironía; en su poética¿ Puedes avanzar como una sonámbula por la belleza epidérmica de la obra de Manolo Valdés, y protestar, y cambiar así de mundo. Si durante siglos las obras pictóricas figurativas y realistas nos han enseñado a mirar, las surrealistas a soñar, y las cubistas a -calculadamente- romper, el arte abstracto en toda su diversidad trata de hacernos trascender, y trata de enseñarnos a sentir. Contra el racionalismo, la normalidad, el «bien» y la canónica virtud los cuadros abstractos nos sugieren que existe el más allá, que todo puede entenderse de otra forma, que los sentimientos y las sensaciones son otro modo de mirar. La obra de este cotizado artista internacional, por ejemplo, es abstracta a su manera y nos introduce en un mundo no críptico sino palpitante, energético, vivo, sugerente; como si existiera la reencarnación y cada cuadro abstracto recordara la obra figurativa que previamente fue. Oh, míralos con atención y entrarás en el torbellino, y regresarás a la niña risueña que un día fuiste¿ El arte nos devuelve la pureza que dejamos atrás al caminar. Flotan los elementos. En las creaciones de este integrador y recreador, como en el jazz, conviven con aparente sencillez lo táctil, lo elaborado, lo improvisado, lo espiritual, lo gestual y lo referencial conformando un todo que, a primera vista, no tiene orden ni concierto, o sólo se parece a algo conocido. Pero, bien mirado, el autor demuestra conocer a sus clásicos -desde Velázquez a Millares-, y por eso propone apoyándose en ellos su propio orden y su propio concierto. Tú detente, por favor. Saluda a la belleza dislocada. No trates de entender, sino concéntrate en lo que puedas intuir, amor, porque esta realidad opresiva que habitamos trata de desindividualizarnos, de que entremos dentro de lo que hoy se entiende por normal, y por eso la lógica, la exactitud y la sensatez pueden hacer por ti menos de lo que crees, pero la docta trasgresión y el orden alternativo pueden salvarte. Pueden salvarnos¿ Un cuadro más o menos abstracto pero ejecutado con personalidad trata de que dejemos de aparentar ser como todos, y seamos simplemente nosotros mismos. Al acercarse y meter la nariz en la obra cada espectador activo ve algo que nadie más ve. Cada observador es único... Única. Por eso, al mirarnos mientras los miramos cogidos de la mano, esos cuadros repletos de telas, colores, alteraciones y sentido despiertan nuestras sensaciones y, así, están proponiéndonos otra forma individual de observar el mundo. Necesitamos este arte emocionante, inteligente, difícil de entender y de olvidar. Lo necesitamos para que la televisión no cope todas nuestras imágenes mentales. Precisamos, en la actual dictadura del realismo y lo inmediato, todo lo que nos invita a ir más allá. Una vez me dijiste que los críticos de arte contemporáneo tienen una prosa parecida a un cuadro de habitación de pensión. Me dijiste que, con sus tecnicismos parecen no querer alentar tu interés por la pintura, sino tan solo hacerte notar tu ignorancia. Por eso quiero invitarte a que leas este poema camuflado y, luego, a que regresemos mentalmente al Museo Reina Sofía, a esos cuadros, a ese mundo visual alternativo. Empápate. Observa. Verás cómo brota desde cada propuesta un silencio repleto de todo lo que ya se ha dicho. Comprenderás entonces que lo máximo a lo que puede aspirar alguien que escribe sobre arte es a convertirse en un hombre que habla con las estrellas. Cada cuadro una emoción. Cada elemento un sonido. La exposición una voz desatada que al oído te susurra: ¿te quiero.