Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Otra vez la peste aviaria

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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OTRA VEZ Los pájaros , de la cinematografía y la vida, con bandadas de pájaros negros golpeando furiosamente contra nuestra ventana. Otra vez la peste medieval sepultándonos en el terror. Y de nuevo, tal y como es la costumbre en estas situaciones, los responsables de la seguridad sanitaria de los pueblos jugando a confundir a la población acosada: «¡No pasa nada. No hay peligro. No nos afecta a los españoles! Y en algún lugar de la geografía peninsular se produce la noticia: Un pájaro, somormujo, gallina o pelícano, ha muerto de una enfermedad todavía no analizada. Pero ¡ah! Nosotros, los españoles, por la gracia de Dios, estamos exentos, en tanto que acaso, quizá, quién sabe, en poblados condenados de África o de Asia se produce un terremoto o una inundación o se derrumba todo un barrio obrero. Resulta curioso, si no fuera miserable, descubrir cómo los poderes intentan ocultar, discutir y hasta negar la evidencia, la realidad, ofreciendo como remedio a nuestros males, los males ajenos. Y si en España, es un decir, se descubre el inicio de una enfermedad epidémica, corremos todos a descubrir en cualquiera otra parte del mundo, un hecho que sirva, si no para consuelo de nuestras desdichas, sí al menos para que éstas parezcan menos graves, dado que el mundo es un campo de dolor para todos sus habitadores y si en Valencia descarrilla un tren, produciendo cuarenta muertos, en Pakistán se anuncia una catástrofe ferroviaria o aeronáutica que ha dejado sobre la tierra impávida, cientos de cadáveres. El caso es quitarle importancia a lo que a nosotros nos sucede, cubriéndolo con otra catástrofe paralela, lejos de nuestras fronteras. Esta vez el anuncio de que algo verdaderamente grave podría estar ocurriendo en alguno de nuestros pueblos, se produjo en Álava: En un humedal apareció un pájaro. Se produjo si no alarma, al menos preocupación, pero cuando todavía el personal no había percibido la importancia que la señal del pájaro muerto suponía, los encargados de dorar la píldora, corrieron a poner en marcha la demanda de que esta situación no era ni mucho menos lo suficientemente alarmante como para tomarla en serio. ¡No hay que caer en el desánimo, ni es probable que la enfermedad de la que muriera el pájaro alavés, se extienda, sino que por el contrario, se espera con fundamentos científicos que el virus letal que el pájaro muerto portaba desaparezca sin mayores contratiempos. Y sin embargo, muchas veces, no siempre, por fortuna, los temores se cumplen y efectivamente la amenaza del mal no se desvanece. ¿Por qué esta tendencia oficializada de descartar cualquier forma de contagio, cuando lo más sensato debiera ser advertir del peligro a la ciudadanía para que ésta no cayera en el error de creer que porque lo dijera el ministro, el alcalde o el obispo, el virus del pájaro portador del virus de la muerte, no podría tocarnos? Si en buena política sanitaria lo procedente es la previa advertencia del peligro y la aplicación inmediata de los medios de erradicación del mal no parece normal ni por supuesto científico ni político, que ante la señal de una epidemia, lancemos mensajeros a la calle para que la gente se considere segura. A una nación enferma hay que decirla la verdad.

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