Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La guerra de los perros

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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SEGÚN LAS INFORMACIONES de la Europa libre, Palencia, que es tierra noble, se dispone a cambiar el estándar del mastín. El mastín es un perro, pero de tan magnífica estampa que muy bien pudiera justificar una disputa como la del Líbano por la pertenencia de su genealogía. Dicen los que entienden de perros que el soberbio fruto de los amores, a veces extraviados, entre dos animales de distinto sexo, pero de la misma línea racial, dio como resultado un tipo de mastín puro, con genes procedentes de León, sin otros apoyos, y que por lo tanto el juego tramposo de intentar suplantar la genealogía leonesa por otra que pudiera ser la palentina o la vallisoletana sería un ultraje, que habría que borrar mediante la declaración de guerra abierta contra aquel o aquello que osara discutirnos a los leoneses nuestra noble titulatura de patria del perro más perro que vieron y verán los siglos. Y esto se p roduce, no sin provocar cierto escándalo, cuando la guerra de verdad se ha declarado, para la preocupación de las múltiples, variadas y provechosas nominaciones para ocupar los cargos, los puestos, los servicios principales de la comunidad, de la provincia respectiva y de los ayuntamientos también respectivos. Ya se han hecho públicos los partes que anuncian la proclamación de candidatos y las preferencias de los poderes mediáticos, pues como todo el mundo sabe, lo que no aparece ni en la prensa ni en la televisión, no existe. De modo que lo primero que ha suscitado el entusiasmo de los afiliados y votantes ha sido la mención del presidente de la Excelentísima Diputación para cambiar de ocupación y hasta de lugar geográfico para su tranquilidad y se le ofrece nada menos que la Consejería de Sanidad, a lo que el reclamado prudentemente se negó, y no por la dificultad de superar el problema sanitario de las esperas, sino porque lo que le gusta a don Javier García Prieto no es otra ocupación que la de atender a los diputados y a sus poblados, esparcidos por toda la amplia y complicada geografía de la provincia. Inevitablemente surgió sobre la turbulenta superficie, la conquista a mano armada de la Casa de la Poridad (el Ayuntamiento para los vecinos corrientes) estimando que muy bien o muy mal -según se mire- la formación municipal con su regidor a la cabeza está demandando una revisión, de la cual solamente cabía pensar en conservar la Presidencia del Señor Amilivia (Don Mario), dicen los papeles más descarados «como el menos malo» de la terna que se ofrece por una parte. Por la otra, sigue a la espera dulce y confiada, el ex Don Paco Fernández al cual no cabe negarle serenidad y tesón en la espera. Y moviendo los muchos hilos que andan sueltos, se proyectan sobre la pantalla las figuras de los capitanes, de los presidentes, de los predilectos. Y el elector pacífico y generoso se dispone a revalidad los nombres, ya establecidos en la nómina y a conceder que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, cuando las garantías de la eficiencia de la función no las da ni la Junta de Don Juan Vicente no la conferencia Episcopal, aunque todos tengan arte y parte en la guerra.

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