Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Judíos, palestinos y conversos

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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CUANDO ME DISPONÍA a utilizar el vehículo que había de trasladarme lejos del calor tropical que en León (que es tierra fría) padecemos sin haber cometido ningún delito especial, fuera de los habituales, en la tierra lírica del Líbano se desarrollaba otra de las guerras absurdas que solamente se justifican -si alguna guerra tiene alguna forma de justificación- cuando a los personajes responsables les acomete una insolación que anula cualquier forma de raciocinio. Árabes, moros y cristianos, mozárabes y gente inocente que paseaba por allí. Y llegado que fue el día de mi llegada, me dediqué a intentar explicarme y analizar el proceso de esta nueva señal de barbarie que amenaza con destruir a la larga todo el sistema civilizado que a fuerza de muertos, hemos construido nuestro producto precisamente de un larguísimo y doloroso combate contra los unos y contra los otros, después de provocar la guerra contra nosotros mismos, pues esta patria nuestra, en la medida que nuestros gobernantes lo han previsto, más o menos, se ha visto obligada a tomar partido: ¿Cuál de los bandos en liza es aquel que nos corresponde atender preferentemente? ¿Moros o cristianos? ¿Judíos o palestinos? En puridad y dada nuestra historiografía, nos debiera corresponder una posición neutral o si se quiere para guardar las formas políticas, «solidarios con todos y con ninguno», porque de todos tenemos en la sangre: judíos, moros, cristianos. Y contra casi todos tuvimos pleitos que requirieron muchos años de guerras. ¿Por qué, según se aprecia por las reacciones que se producen, se advierte en la sociedad hispánica una tendencia más bien palestina, por ejemplo, frente a la llamada israelita de nuestros ancestros? Nadie se lo explica, o si lo hace, es mediante argumentos que quebrantan la buena diplomacia de la sangre. De moros y de palestinos tenemos los españoles una parte tan principal que nos debiera obligar a cubrir todos nuestros compromisos intentando abrir caminos (o rutas que se dice ahora) hacia la paz, cuidando de que no se adviertan demasiado las posibles inclinaciones para cualquiera de las otras atracciones políticas, históricas o culturales. Pienso, piensa mucha gente de buena voluntad, que estamos cometiendo errores de entendimiento y de voluntad. Si existe alguna comunidad universal que deba estar obligada a una democrática independencia de juicio en relación con esta insensata conflagración que tiene su campo de siniestra experimentación en tierras libanesas, es España: Por nuestras vinculaciones históricas con todos, por nuestra lucha de siglos por descubrirnos los unos a los otros y cedernos un lugar al sol y porque en resumidas cuentas los beneficiados de estas desventuras universales son siempre los mismos. A los misericordiosos de verdad, lo diga Jehová o Alá, Jesús de Nazareth o Buda, no les toca más que dejarse matar en defensa, según dicen, de la democracia y de los negocios.

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