OPINIÓN
Un pan... y un debate constitucional
SE DICE, desde siempre, que los niños traen un pan debajo del brazo cuando nacen. El que la Princesa de Asturias tendrá, según acaba de saberse, dentro de unos meses, traerá, además de un pan, un debate constitucional, sobre todo si es varón. Pues si así fuera, y antes de la fecha del feliz alumbramiento no se hubiera modificado nuestra ley fundamental -modificación que no parece, vistos los plazos, muy probable- Leonor de Borbón, primogénita de doña Letizia y don Felipe, perdería automáticamente la posición de heredera que hoy disfruta. La Constitución, que muestra aquí como en pocos otros lugares las huellas de su circunstancia y de su tiempo, establece con toda claridad que, en igualdad de grado, el varón tiene preferencia sobre la mujer en la Jefatura del Estado. Por esa razón, y porque existe un consenso sin fisuras sobre la improcedencia de esa previsión comenzado ya el siglo XXI, no parece discutible que, si el próximo hijo de los Príncipes de Asturias es varón, debería pensarse en poner fecha cierta a la reforma de nuestra ley fundamental. Sin prisas, pero sin pausas, según frase celebérrima. Es cierto que existe en principio un único límite temporal a esa reforma: el del artículo 61 de la Constitución, que determina que el Príncipe heredero, al alcanzar la mayoría de edad, prestará juramento de fidelidad a la Constitución ante las Cortes Generales. Pero lo es también que no parece razonable extender sine die la situación de conflicto entre las previsiones sucesorias hoy vigentes y las creencias mayoritarias de nuestra sociedad. Por respeto a ésta y a quien, en su caso, deberá ser educado como futuro Jefe del Estado.