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EL DIABLO cojuelo que levanta tejados existe. Sales en la foto. No te enteras. Te miran de contínuo y no reparas en ello, así que debe ser tremendo el poder que puede alcanzar ese gobierno o empresas que todo lo ven, lo vigilan o lo espían, ese satélite, el ojo del Dios verdadero, dios Dinero, el que tiene el culo más inmaculado del universo de lo bien que se lo lamemos. Sales en la foto. Ya viste que en los servidores de internet que ofrecen estas imágenes puedes ver su casa, la guarida, con todo lujo de detalles (¿quieres contar las tejas?)... Estos satélites están fotografiando y actualizando. Si además te abonas al servicio y apoquinas, contarás hasta las hierbas de ese jardincete tuyo que no es mayor que dos tiestos, razón por la que el vecino no lo juna, pero el satélite lo escudriña. Es divertidísimo pegarte unos vuelos fotográficos en estas páginas de internauta sobre tu pueblo, tu sitio o sobre aquella playa donde te descapullaron la luna de miel. Ignoro cada cuánto tiempo actualizan las fotografías de estos satélites, pero siempre son relativamente recientes. Supongo que pagando se podrán incluso ver fotos al instante, en vivo, aunque también habrá zonas y objetivos que estarán vedados a la divulgación por estar embargadas militar o gubernativamente. Aún así, con ese poco-mucho al que podemos acceder cualquier mindundi navegante se disfruta y se aprende como diablos cojuelos y fisgones, porque mirando desde arriba se contemplan y comprenden muchos aspectos que al ras ignoramos. Pero no siempre ha de ser divertida la cosa; verlo todo no necesariamente es gozoso. Conozco un médico segoviano que descubrió este servicio de fotografía de satélite y se puso a navegar por sus querencias y lugares. Enchufó hacia su finca y su chalet. Las imágenes tenían menos de dos años porque se veía en construcción un caseto anexo que estrenaron el último verano. Junto a la piscina, netamente, se veía a su mujer (la pamela fucsia que siempre lleva al sol no era necesaria en la identificaicón). Pero a su lado, en una proximidad sospechosa, aparecía un maromo que no era él. Le crecieron cuernos en tres segundos. Tramitó el divorcio. Pilló manías. Y hoy sólo sale a calle con paraguas para no retratarse en la foto del diablo cojuelo.

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