Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Los niños españoles también mueren de hambre

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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GRACIAS A TODOS los dioses habidos y por haber, no siempre nos vemos obligados a recoger en este Libro Negro de León o de Galicia o de Andalucía la muerte de un niño por inanición, que es el término que mejor enmascara la tragedia. Por inanición, en Puenteareas (Pontevedra) un niño de dos años acabó muriendo de eso, de inanición, que es como tenemos que decir para no alarmar. Una hermanilla del niño ya muerto tuvo que ser hospitalizada para no hundirse en el mismo pozo negro del hambre. Siempre es triste, lamentable y sublevante que un niño se muera de hambre pero es que nosotros, los españolitos madre, nos guarde Dios, pertenecemos a un país rico, que se puede permitir la licencia extraordinaria de acoger a todos los hambrientos del mundo, si a mano viene, y parece un contrasentido que mientras asistimos a millares de fugitivos del hambre universal, nuestros niños se nos mueran entre las manos o solos con su desesperación resuelta en lágrimas. Las autoridades de Galicia (recién llegadas como quien dice), aseguran que esto se debe a una cruelísima indiferencia por parte de todos, menos de los organismos oficiales, claro es, y que los padres del niño muerto estaban trabajando o lejos de un hogar que no les deparaba más que miseria y desgracias. Y los vecinos, los próximos, los inmediatos, no se enteraban de nada porque la mayor vergüenza en un país de multimillonarios es ser pobre y no tener trabajo. Desde la Xunta de Galicia, que es tierra de amor y de encantamientos, se elevó la voz disculpatoria que decía: «Estamos seguros de que cualquier vecino que hubiera conocido la situación, se habría apresurado a dar la voz de alarma». Y alguno de estos vecinos desatentos, quizá porque harto tiene cada uno de ellos con sus propios tremendos problemas, replica que la obligación de conocer y preservar a los vecinos de cualquiera de esas desgracias bíblicas que siempre se desploman sobre los pobres, que en su desesperación no saben a quien acudir, esa es obligación de las llamadas autoridades, de aquellos organismos de la misericordia, de las oenegés y asociaciones pías para las cuales la asistencia y hasta el conocimiento de las miserias del entorno deben serles tan conocidas como las suyas propias, que para eso precisamente son creadas y no para las jeremiadas postreras. El señor vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, sin duda para enmascarar su culpa, su enormísima culpa, acudió al quite de la desgracia informando al pueblo asegurando que a la hermanita del niño muerto, otro ser en peligro, de tres años de edad, se la ha acogido bajo la tutela de la Xunta de Galicia y parece ser, dicen, tal vez, que se están dando los pasos pertinentes para saber que es lo que ha sucedido y por que no funcionaron los mecanismos de detección. ¡A buenas horas, señor vice, pero no extienda las investigaciones! Yo le diré lo que ha sucedido: ¡Que ha muerto de hambre un niño!

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