Primeros resultados del análisis de las muestras interestelares traídas por la sonda «Stardust»
El mundo ya tiene nuevos datos sobre el origen del sistema solar
Pertenecen a un cometa que se formó hace más de cuatro mil millones de años
Después de recorrer 4.500 millones de kilómetros durante casi siete años, el pasado mes de enero aterrizó en el desierto de Utah (EE. UU.) la nave Stardust (Polvo de estrellas) llevando en su interior partículas recogidas del cometa Wild 2 y de polvo interestelar. Ahora, casi un año más tarde, el análisis de los materiales recogidos aporta nuevos datos sobre el origen de los cometas y del Sistema Solar. En el estudio, que ha contado con la participación de José María Trigo, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio, perteneciente al CSIC, se describe la composición química y el origen de los diferentes granos minerales del cometa, y se analiza el impacto de estas partículas en el Stardust, así como las dimensiones, la estructura y el flujo total de las partículas que llegaron a la sonda. Según ha explicado Trigo, «se han encontrado granos minerales sintetizados cerca del Sol a altas temperaturas, como por ejemplo, cristales de olivino. El Wild 2 se formó lejos del Sol, por lo que la presencia de este material podría ser otra prueba de que el disco protoplanetario del que surgieron los planetas estaba sometido a importantes procesos de turbulencia, lo que impulsaba los materiales refractarios lejos del Sol, como podría ser el caso de este cometa». Según los científicos, Wild 2 se puede considerar como muy primitivo porque su contenido en minerales es representativo de los materiales que giraban alrededor del Sol, hace 4.570 millones de años, formando un disco protoplanetario. Es la prueba indiscutible de que son correctas las teorías sobre la formación de los cometas y los planetas, es decir, que se formaron por la acumulación de objetos más pequeños que contenían materiales diminutos condensados de la nebulosa solar o de estrellas cercanas. Los materiales recogidos están mezclados con abundantes hielos (inestables en la proximidad solar), lo que sugiere que el cometa se formó lejos del Sol, en el cinturón de Kuiper. A pesar de ello, contiene diminutos granos minerales refractarios que debieron formarse muy cerca del Sol (olivino y troilita), lo que sugiere que pudieron producirse turbulencias que enviaron esos materiales a la región externa del disco protoplanetario donde se formó el cometa. La misión Stardust La historia de la nave Stardust se inició en febrero de 1999 cuando fue lanzada desde Cabo Cañaveral (EEUU), y en su singladura durante el año 2004 se cruzó en dos ocasiones con el cometa Wild 2 durante apenas unos segundos, pasando a unos 230 kilómetros de él. A pesar de tan escaso tiempo, aprovechó para desplegar su «raqueta atrapapolvo» ó «cazamariposas espacial», un artificio con forma de raqueta de tenis impregnado de un aerogel. Compuesto en el 99,8% de aire y el 0,2% de dióxido de silicio, el artilugio atrapó sin dañar las partículas procedentes del cometa y, además, otras de polvo interestelar. Además, gracias a sus cámaras se pudo observar el impacto de miles de meteoritos sobre la superficie de Wild 2. Hasta ahora, sólo una nave soviética no tripulada pudo traer en 1976 muestras de minerales procedentes de la Luna.