Diario de León
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CARLOS G. REIGOSA
León

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NADA simboliza mejor nuestra desmemoria que la propia Historia, como demuestran las interminables revisiones que de ella se hacen continuamente. De hecho, a pesar de que todos los hombres somos históricos (Carlyle dixit), la Historia no habla de todos nosotros ni es seguro que contenga la verdad sobre aquellos de los que habla. Por ello quizá es una grandísima verdad que la Historia es el peor cuento del mundo. Y lo malo y más olvidado, como bien ironizó Chesterton, es que «esa novela llamada Historia» ni siquiera está acabada. Es decir, que seguirá siendo reelaborada por los siglos de los siglos, sin que nunca el hombre pueda escribir el capítulo final ni ver la obra terminada. Nunca habrá, pues, una versión definitiva. Esto viene a cuento de la ley para la reparación moral de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura (la llamada Ley de Memoria Histórica), que tanta polvareda y contradicción ha levantado entre las distintas formaciones políticas. Estoy de acuerdo con quienes sostienen que todo esto se hace tarde y mal, pero no lo estoy con quienes afirman que es algo inoportuno. Lo oportuno sería que la tragedia no hubiese ocurrido, pero, una vez que aconteció y ya es Historia, nunca puede ser inoportuno pretender «saldar una deuda, la de la injusticia; una deuda con las personas que sufrieron violencia y persecución injustas», como bien dijo la vicepresidenta Fernández de la Vega. La teoría del olvido tuvo su momento y su argumento, pero nada garantizaba su perdurabilidad. Una nueva generación «de nietos» quiere recuperar la memoria de sus antepasados y restituir la dignidad a aquellos que fueron desposeídos brutal y absurdamente de sus vidas y haciendas. Hay demasiado aspaviento en quienes se horrorizan por ello. El miedo a la verdad no es buen consejero, ni es prudente rehuir la mirada del pasado. Ignoro lo que temen los que temen. La realidad irreversible de lo que ocurrió no va a cambiar. Los muertos seguirán muertos. Sólo la percepción -la memoria- se alterará, y será a favor de las víctimas. ¡Como tiene que ser! Y la Historia seguirá con sus revisiones, nos guste o no nos guste, porque en eso radica su esencia.

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