EL AULLIDO
El ramo leonés
EN LA TRADICIÓN están las huellas del camino. Lo que somos y lo que estamos dejando de ser sin darnos cuenta se resume en los elementos folklóricos y etnográficos de nuestra tierra, los cuales se han convertido ya un poco en reliquias culturales tan sentimentales como míticas. Pero son nuestras cosas. Los ritos de nuestros antepasados. Lo que queda de otro tiempo que también quiere ser un poco el presente. Lo que queda de nosotros. Así en la tradición del Ramo Leonés, unida al canto y las celebraciones litúrgicas, hay mucha más verdad que por ejemplo en la moda de Papá Noel -o Santa Claus- fruto del marketing de una gran firma comercial. Por eso los esfuerzos por recuperar el Ramo Leonés no son sólo una reafirmación en nuestra identidad y en nuestra esencia, sino también y sobre todo una amorosa mirada al pasado ancestral y a las raíces: un elogio de todos y de todo lo que nos ha traído hasta aquí. El Ramo Leonés, puesto ahora en Navidad en nuestras casas, viene a ser un intentar recuperar el sentido de los ritos y del tiempo ahora que todo tiene un poco de rutina mecánica; ahora que todo se diluye y se equipara. Así el Ramo no es ya sólo una tradición que no hay que dejar perder: además es algo lleno de significado en este tiempo nuestro en el que la mayor parte de las cosas en el fondo no quieren decir nada. Tiene el eco de lo de siempre. Tiene el valor de lo antiguo. Hay quien piensa que la tradición y el folklore nos ensimisman pero yo creo que mas bien nos enraízan, nos reafirman y nos devuelven el orgullo maltratado por esa mentira histórica y política que es la Autonomía de Castilla y León -esta Autonomía en la que estamos, sí, pero de la que no somos-. Por eso, incluso aunque no seamos conscientes de ello, la tradición aún nos identifica y nos define al recordarnos indirecta pero verdaderamente de dónde venimos y quiénes somos. En este sentido yo, como también se viaja para estar más cerca, en mis viajes he visto un ramo leonés antiquísimo en el Perú -exactamente en la Catedral de Cuzco- adornado y con el escudo de León tallado en la estructura, y también he visto otro en una iglesia cristiana de La Valeta, en la Isla de Malta... León en la mirada... Emigrar sin dispersarse¿ En ninguno de esos dos templos había quien supiera por qué esos dos ramos estaban allí ni qué eran, pero yo los contemplé con un punto de emoción y pensando al mismo tiempo que incluso a muchos leoneses les podrían pasar desapercibidos porque en el León actual en el que hasta la Catedral se está derrumbando lo de antes a veces en vez de lo de siempre parece lo de nunca. Por eso ahora al contemplar los dieciocho ramos leoneses expuestos en la Casa de Cultura de San Andrés del Rabanedo, algunos estéticamente bellísimos, me ha dado por pensar en lo que tiene la tradición de camino ininterrumpido, de fe en los cimientos y de necesario apoyo vital en los recuerdos. Recuperar la tradición del Ramo Leonés y su sentido sin dogmatismos se parece a volver al pueblo a visitar la casa deshabitada donde crecimos. Se parece a abrir un arcón y encontrarse con las cosas; nuestras cosas. Y a mirar con nostalgia la escalera de madera y por un momento recordar a nuestros familiares ya muertos mientras creemos por un instante que, invisiblemente, aún siguen allí. La Navidad es el tiempo de la nostalgia en el que todo tiene la magia de lo repetido. Por eso en Navidad, en este tiempo cada vez más laico pero siempre familiar en el que cobran gran importancia los símbolos, el ramo leonés es un símbolo propio de nuestro acervo en el que están hermanados el ayer y el mañana. En este mundo caótico resulta fácil perderse. Por eso bueno es recordar que en la tradición están las huellas del camino.