Diario de León
Pedro García Trapiello

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VUELVE la bomba, vuelve, por Navidad... que hoy la noche es vieja y mañana Dios dirá... ¿Dios? ¿Y quien es dios?, se preguntaba una vez Patxi. Pues el de «mecagüen», le respondieron. Porque en el Dios de la paz y del acuerdo se están cagando como quien escupe al cielo, mientras alguien se erige en ese otro dios que tiene la mano en un detonador y en la otra los ramales de la guerra, el robo de la razón, el secuestro de la libertad y la demolición de la voluntad de un pueblo. Son los redentores quienes hablaron con su bombazo y desde algún síndrome de abstinencia. Y aquí están en su retorno las viejas andadas y andanadas navideñas etarras, fecha delibradamente elegida como tantas veces atrás, repercusión garantizada, catapún nacional en la emoción colectiva, estragos en la esperanza, desconcierto fatal en quien confiaba, encabronamiento del que recela, estrangulamiento del diálogo, fractura de la unidad soñada, deseada, perseguida, negociada y ensayada desde ayer su podredumbre. Zapatero ha tenido que desayunarse el peor sapo imaginable, la peor de la noticias; incluso habrá tragado su declaracion mitinera en la víspera y su tuerta profecía al asegurar que estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor (enfrente, un insolente y chantajista Barrena declaraba ese mismo día inviable cualquier negociación y acusaba como único responsable de todo ello al presidente y al gobierno de los socialistas, como fijando y precisando -así ha sido- un objetivo prioritario a los etarras; a por él). Y a Zapatero le han traicionado esos grandísimos cabrones. Aún teniendo pistas y avisos ciertos de que los pistoleros podrían ensayar algún episodio tremendo en estas fechas para forzar otra vuelta de tuerca, el presidente tuvo que ver ayer demolida su confianza, estafada su certeza en la esperanza. El atentado de Barajas es todo un órdago. ¿Qué cartas llevan en la mano los etarras para permitirse el lujo de ese envite definitivo del mus en el que no cabe vuelta atrás, en el que se juega todo el cazuelo de amarracos? Pues cuando alguien espeta o farolea con un órdago, sólo cabe levantar las cartas, mostrar qué lleva cada cual. Diga el Gobierno qué juego repartió en estas manos de la negociación secreta; y así, los ciudadanos podremos hacer algo más que mirar y dar tabaco.

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