Me aforo
EL SILENCIO o carcome al espíritu o le hace celestial. El ruido nos delata la vida en su fragor. Del silencio espeso huye la gente porque se agazapa en él lo desconocido. El ruido es una firma de lo que está pasando. El silencio es donde mejor habla el hombre consigo mismo. El ruido diluye el yo para empadronarlo en la lucha y en los latidos o mordiscos de la supervivencia. El silencio es palanca para refugiarse en las nubes de la mística o el subsuelo del barro del que estamos hechos. El ruido es la voz que pone el miedo para no sentirse. El silencio es el lenguaje de los que no quieren morirse. El ruido atorra. El silencio anonada. El ruido distrae. El silencio es la carraca de los propios pensamientos. El ruido es la trinchera de los que tienen poco que decir. El silencio es el zanjón de los que no quieren decir nada... Con la venia, huyo de ambos parapetos, esos frentes donde se combate en una guerra que ganan siempre los mismos: el ruidoso, ofuscador, hueco y confundidor. Un picudo juez en Tenerife les metió el miedo en el cuerpo a los que meten ruido por la cara tapada, carnavalera jeta sembrando follón y decibelio que consagra la tradición y ampara la ley histórica de la bulla por cojones. Se montó parda y se desdijo oscura, pues al juez le metieron cabras en el corral. Y el vecindario, aforado en legítimo derecho a que no les barrenen el oído o les trepanen el celebro, celebrará con solemnidad los próximos días carnavalones la festividad de Sanjoderse y cállate, patrono de los silencios y mártir de los ruidos. ¿Qué ocurrió para que la consideración judicial bien armada en fundamentación jurídica en una primera sentencia se tornara en la segunda agua de borraja y confetti que el viento lleva?... Iba yo a acogerme a la jurisprudencia tinerfeña, a aforarme en sus considerandos, y la ley se dobló. Por noveno año -nueve meses y tres horas al día- me barrenan la oreja tamborradas y cornetazos del cuartel de Pilatos. La banda nazarena que ensaya bajo mi ventana tiene amparo. Es ruido-peste y cada día me infecta el mismo son repetido hasta el vómito. Les causa gran risa (o furia) este mínimo derecho al pataleo que me tomo en estas líneas. Se esgüevan y escojonan. Y es que tienen fuero-rejo, compinche y padrino para enterrar el respeto con más ruido, puto ruido, ilegal ruido... ¿Hay algún juez sensato en lontananza?...