Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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AUNQUE PAREZCA LO contrario, la biografía de nuestra generación, parte de modo muy principal, de la Telefónica: Eran aquellos, tiempos convulsos, y la Telefónica con sus huelgas y sus luchas por el pan y la justicia no encontraban punto de reposo. Centenares de obreros, lanzados a la calle cruzaban la Península de un lado para otro, bien ajustando los cánones laborales a un principio de equidad o justamente lo contrario, los hombres del poderío, aprestaban sus recursos para derrotar definitivamente a los que osaban discutir los derechos a regir los destinos de los trabajadores. La Telefónica, pobló de obreros sin trabajo a media España y dejó definitivamente derrotados a centenares de apasionados huelguistas. El nombre de «La Canadiense» se inscribió en los anales de las luchas sociales de una España que comenzaba a moverse. Aquellos hombres de la pelea, acabaron, como era de esperar, vencidos, mientras la Telefónica se erigía en el centro laboral más importante de la España en marcha. Hasta que, de acuerdo o en desacuerdo con las fórmulas naturales de la ley del más fuerte, «fueron o fuimos al fin vencidos por la manipulación y las malas artes del perjuro Sinón». Pues, con los consiguientes cambios, propios de las reformas del sistema económico, la Telefónica sigue estando en primera línea en la refriega que los unos sostienen con los otros, siempre con la amenaza de que los unos impongan su ley a los otros, a los más débiles o a los menos preparados para hacer frente a las variantes de una sociedad movediza. La super-economía se impone y los débiles ciudadanos que de ella dependen no tienen recurso para oponerse en serio a sus cálculos provechosos. Cuando (es un decir necesario) más amenazados estamos de reducirnos a la condición de servidores de las destemplanzas económicas del mundo capitalista; cuando, por ejemplo, España, siempre tan dependiente de toda presión, aparece amenazada de convertirse en víctima de las consideraciones derivadas de la explotación del hombre por el hombre, va la Telefónica, y por sí y ante sí, sin considerar el perjuicio social que provoca, decide encarecer el uso del Teléfono fijo, es decir el instrumento de necesidad social en cerca de un cuatro por ciento sobre la cuota prevista. Para que nuestro susto no sea mayor, se ha decidido que esta variación tarifaria a vanguardia se produzca desde el mes de marzo. La noticia produjo la correspondiente sorpresa, pues nadie esperaba que una Sociedad tan emérita, tan altiva, tan soberbia, fuere a desconocer las consecuencias de uno de sus movimientos bursátiles y desconocer graciosamente el perjuicio social que la medida provoca. La señora Doña Telefónica, explica la medida cruel informando que se ve obligada a acometer tan drástica medida por la presión de la inflación reinante, lo que mueve a las masas usuarias del mecanismo telefónico fijo, a suponer si la inflación solamente afectará a la Telefónica, y los usuarios se verán libres de la medida, en gracia a la situación boyante del común de vecinos. La Telefónica, dicho sea para general conocimiento y demás efectos, sigue poniéndose las botas, para que el resto del personal vaya descalzo.

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