Diario de León
Publicado por
Rubén Ventureira
León

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«¿Puede ser aquello un barco tirado por un remolcador?», pregunta Víctor, el piloto de AFN (Aeroflota del Noroeste) que nos ha traído hasta el Cantábrico, mientras señala hacia lo que Tom Cruise situaría en Top Gun como «las doce menos diez». A la derecha «ya se ve San Roque». Así que sí, puede ser. El piloto pone rumbo a los dos puntos que se otean en el horizonte. Siempre con el viento en nuestro equipo y por la costa, «porque por el interior no habríamos llegado», explica Víctor mirando hacia los nubarrones que encapotan la civilización urbana. La lluvia casi obliga a dar media vuelta, pero coincide con la aparición de dos puntos en el horizonte. A 2.300 pies de altura, este es el plano general: el Don Inda tira del Ostedijk con el otro barco, bastante alejado, de testigo pasivo. En el plano corto vemos que la cubierta del siniestrado y siniestro buque parece el escenario de un concierto de rock duro. Sale humo amarillo por, contamos, uno, dos, tres, cuatro orificios. El mar tiene cuatro chimeneas. El Ostedijk emite señales de humo indescifrables hasta para los siux. Quizá esté pidiendo un puerto refugio. Las columnas son de corta altura, pero constantes. El buque deja una preocupante estela humeante, siempre en paralelo a la costa. Una ventanilla del avión se abre para hacer hueco al objetivo fotográfico. A 1.300 pies, y bajando. A ras de Cantábrico el barco baila batuka con las olas. Al fondo, Viveiro. La avioneta se muta en montaña rusa. Estamos como el Ostedijk , dando vueltas en busca de la foto de portada. Son las 15.13 horas. El trío de barcos continúa camino hacia el sur. Hacia allá vamos. El humo sigue dejando rastro hacia el norte. Nos despide un arco iris incompleto. Sí tiene banda amarilla.

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