Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Aquellos diputados de antes

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VICTORIANO CRÉMER
León

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AQUELLOS DIPUTADOS de antes, no eran como son los de ahora. Yo no digo que fueran mejores ni peores, porque cada uno pertenece a una casta, a una especie, a unas manías y no cabe enmendar la plana, a quien aspira a mandar. En aquel tiempo de los apóstoles, los señores que se presentaban a las elecciones para eso, para que le nombraran diputado o cosa parecida de su pueblo, solían elegirse a mano, como quien dice, después de bien conocidos los candidatos y sopesadas sus virtudes, si alguna tenían: Eran graves, gravísimos señores «de la mejor sociedad», abogados del Ilustre Colegio, Magistrados de la Audiencia, comerciantes de mucho fondo y por supuesto, aficionados a la caza. Cuando, el grupo socialista conseguía «sacar» diputado o concejal siquiera a algunos de sus militantes, que eran entre albañiles o marmolistas o ex-tipógafos, la gente electora se juntaba en la taberna del barrio para comentar lo que cabía considerar como un arranque para la revolución social que se anunciaba. Luego, se comprobaba que de revolución nada y que todo quedaba en la composición de numerarios en las Cortes de Madrid o alcaldes en la provincia. Y el mundo seguía andando. Y el ilustre senador se convertía en el santo titular al cual acudía la gente del montón a solicitar su influencia en el grave trance de tener que acudir al Hospital para curarle al abuelo, que, por cierto no tenía cura... Era una sociedad muy estructurada, muy disciplinada, muy respetuosa con las leyes, y con la relación entre vecinos. Como casi nunca pasaban sucesos dignos de mención, las elecciones se convertían en el suceso más importante de la sociedad, juntamente con las procesiones de la Semana Santa y los Carnavales de Frígola en el Teatro Principal. Fuera de esos acontecimientos, todo seguía como estático, mudo y atenido a la obediencia debida. Pero, al decir de los filósofos de zarzuela, «hoy las cosas adelantan que es una barbaridad», al alcanzar este tiempo de viento y marcha atrás, de transición, de reforma, de democracia, nos encontramos por ejemplo, con que no disponemos de hombres graves, ni de mujeres a lo Victoria Kent para cubrir los puestos políticos que se proponían en las elecciones. Y había que recurrir a los amigos del colegio, a la vecina que iba para maestra de escuela, al muchacho que no tenía donde caerse vivo y aspiraba a levantarse mediante el cargo. Y resultaban una elecciones peleonas, porque se lanzaban sobre los posibles nombramientos seres sin otros horizontes ni otro futuro que el puesto «que tenían allí». Y se formaban concejos desequilibrados y diputados amordazados que llevaban al país a la ruina, contando, eso sí, con millares y millares de advenedizos, que no tenían donde caerse vivos. Y al no disponer de otro medio de vida, se metían a concejalillos, a diputados provinciales, a parlamentarios silenciosos. Y la nación seguía rodando, rodando y rodando... En pintura se le llama «espárrago» a una naturaleza muerta, del cual solo interesa lo bien o mal que está pintada... Como en la política.

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