La quinta parte del agua se pierde por fugas en la red de distribución
El Instituto Nacional de Estadística (INE) elabora desde 1996 encuestas sobre indicadores ambientales en España para ajustarlas a las de la UE, detectando que cada año son muy elevadas las pérdidas de agua. Según se recoge en el último informe, correspondiente al año 2004, la quinta parte del agua que se distribuyó ese año en Castilla y León se perdió en la red de abastecimiento. Se trata de una cifra ligeramente inferior a la de 1996, cuando las pérdidas se cifraron en un 22,9%. En el informe se indica que de los 352 litros de agua abastecida por habitante y día, se desaprovecharon 72, es decir, llegaron a su destino 280 litros. Sin embargo, a nivel nacional, de los 312 litros abastecidos de media se perdieron 56, es decir, un 17,9%. Desde el INE se afirma que en Castilla y León destacó el aumento de captación de agua subterránea, que se duplicó desde que se realizan estadísticas, pasando de 39 litros por habitante en 1996 a los 86 del año 2004. Las pérdidas de la red se deben a la escasa modernización, especialmente en los pequeños núcleos de población, a pesar de haberse destinado importantes recursos en los últimos años para reducir el problema, y a la antigüedad de las tuberías, que se deterioran progresivamente ya que, aunque la vida media de las canalizaciones no supera el medio siglo, la de las tuberías españolas pasan de ochenta años. Según los expertos en aprovechamientos de recursos hídricos, para llevar un mantenimiento adecuado de las canalizaciones sería necesario renovar anualmente el dos por ciento, algo que no es asumible desde el punto de vista político porque supone molestas obras en las calles, subir el precio del agua y, además, el ahorro sólo se percibe a largo plazo, por lo que consideran que estas inversiones suponen enterrar el dinero. Por eso, para las compañías suministradoras es más rentable asumir el agua que pierden por las fugas que invertir en renovar la red. Los expertos no se ponen de acuerdo porque, porque mientras unos creen que cuanto más se pague por el agua menos se derrochará, las compañías invertirán en mejorar la canalización y se perderá menos cantidad en un país en el que cada vez escasea más, otros defienden la creación de una entidad reguladora que gestione el agua y a la que haya que dar cuentas, lo mismo que sucede con la Agencia Tributaria.