| Reportaje | Tres de cada diez centros de trabajo perjudican la salud |
El mal de las oficinas
El síndrome de «edificio enfermo» se caracteriza por una sintomatología difusa que va en aumento y que es difícil atribuir al lugar en el que se desarrolla la actividad lab
Tres de cada diez oficinas están «enfermas», según las cifras que ofrece la Organización Mundial de la Salud relativas a los edificios que ocasionan alteraciones en la salud de sus usuarios. No obstante, los expertos en calidad ambiental aseguran que esta cifra puede ser aún mayor e ir en aumento, ya que cada vez son más los inmuebles herméticos y climatizados, muy eficientes desde el punto de vista energético pero con grandes deficiencias en su ventilación y equipamiento interior. «La sintomatología es variada y tan difusa que es complicado llegar a la conclusión de que el problema se debe al edificio donde se trabaja», explica Vicente Domínguez Hernández, jefe de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Juan Canalejo. Irritaciones de ojos, nariz y garganta, dolor de cabeza y cansancio son algunos indicadores comunes, pero tan genéricos que pueden atribuirse a cualquier afección. Baremo de la OMS La OMS determina que es preciso un 20% de trabajadores con síntomas similares para determinar que el mal procede del entorno laboral. Los últimos casos detectados en Barcelona presentaban lipoatrofia semicircular, que afecta al tejido graso subcutáneo de los muslos y que algunos en principio confunden con celulitis. La lipoatrofia está relacionada con un alto contenido de electricidad estática en el mobiliario de trabajo debido a una baja humedad relativa y escasas tomas de tierra, algo frecuente en suelos técnicos de materiales aislantes. Aunque la lipoatrofia pueda sonar nueva, «empezó a detectarse en los 70 en edificios herméticamente cerrados en los que nunca se cogía aire del exterior para no tener que enfriarlo ni calentarlo», dice Gloria Cruceta, presidenta de la Federación Española de Empresas de Calidad Ambiental Interior (Fedecai).