Los kamikazes actúan tras salir borrachos de clubes de alterne y otros son enfermos mentales
Los conductores suicidas ya han provocado este año cinco muertos
Un guardia civil con 18 años de servicio asegura que «son más comunes de lo que la gente cree»
Las consecuencias que provoca un conductor suicida pueden ser gravísimas para el resto de usuarios
La presencia de suicidas en la carretera es más habitual de lo que parece. Cualquier dotación de la Guardia Civil de Tráfico, sobre todo los que trabajan de madrugada, han recibido algún aviso sobre la presencia de CCC, es decir, conductores circulando al contrario, según su terminología. La mayoría salen borrachos como cubas de clubes de alterne, otros son enfermos mentales a los que se les permite conducir, y el resto, despistados sin conciencia del riesgo corrido. En lo que va de año al menos cinco inocentes han fallecido a manos de estos conductores homicidas, que campean a sus anchas mientras no se extremen las medidas para sacarlos de la carretera. La autovía de La Coruña se convirtió en los años ochenta en punto de encuentro de decenas de jóvenes que se jugaban la vida en un reto macabro: quien circulara más metros en sentido contrario ganaba. Estos caballos de carreras, excitados por el riesgo, dejaron a su paso cuatro muertos y 14 heridos graves en las noches de 1987. Desde entonces, ya sea por apuestas, alcohol, drogas o depresiones, los suicidas del volante siguen formando parte del paisaje de la siniestralidad vial. «Siempre que salgo de servicio tengo presente que alguien puede aparecer en dirección contraria. Son más comunes de lo que la gente cree. El problema es que muchas veces, por la escasez de patrullas, no los cazamos», señala José Antonio Agudo, con 18 años de servicio en la Guardia Civil de Tráfico. En este periodo, Agudo se ha enfrentado a cuatro de estos pilotos. «Todos salían de clubes de alterne con tasas de alcohol brutales». En uno de los casos, el hoy agente destinado en Guadalajara estuvo a punto de perder la vida. «Perseguíamos a un camión sin luces y casi acabamos empotrados contra un coche que apareció de frente. ¡Lo esquivamos de milagro!», recuerda. En caso de que aparezca un piloto suicida, la Guardia Civil carece de un protocolo de actuación preciso. Sin embargo, cuando la alarma se enciende, «sabemos lo que tenemos que hacer», señala el agente.