Diario de León
Pedro García Trapiello

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LA DIPUTACIÓN será otra vez el lunes la señorona a quien todos pretendan, andará en cábalas y pactos, la rondarán los listos, los espúreos y los que estén a las caídas... Uy... ¿Quién se llevará la presidencia al bote?... Haga memoria cuando se instale: todos los presidentes de la institución, todos, acabaron incendiados, quemados en la hoguera de señoritos locales de la política provinciana. ¿Casualidad?...Repa-semos: Julio César Rodrigo de Santiago (embarcó con la ucedé y acabó orillado, aunque presente en honores), Manuel Cabezas (estrenó el primer mandato socialista en esta corporación y duró dos san froilanes; le apearon primero y le ostracismaron después), Alberto Pérez Ruiz (estuvo también dos san juanes y aunque su partido ganó las elecciones le removieron y la peña de Zapatero le fulminó in aeternum confinándole a su eremitismo coyantino), Agustín Turiel (concluído su agitado mandato, le pasaron a boxes y, aunque resistiendo, la gloria política se la negaron en cargos o promociones, pese a su tenacidad y entrega incondicional a la causa), Jose Antonio Díez (le encomiaron alto para zumbarle mejor en la caída que perpetró su propia gente, incluso la más cercana y los que él había aupado, tuvo el enemigo en casa y el ostracismo funcionarial fue el premio que le dieron en su partido)... Y ahora, Javier García Pireto, a quien le han hecho la gran putada los mismos (y alguien más) que ajusticiaron a su predecesor y amigo Totoño; y pese a haber redondeado una gestión que generalmente encomian todos, incluída la oposición, no sale del cargo con la tradicional «patada hacia arriba», sino hacia un lado, ofendido por el desdén, la ingratitud y la envidieja. ¿Qué tiene el sillón de la Diputación que a todos les abrasa el culo?... Vistos los precedentes, cabría sugerir que los honorarios presidenciales no se estimaran en soldadas mensuales, sino que se les pagara razón de diez mil pesetas por amigo perdido; suelo hacerlo yo en cuando me preguntan por mis honorarios en algunas prestaciones profesionales; y siempre me replican «¿es que quieres hacerte rico?»; pues los presidentes de esta Diputación, si cobraran así, harían fortuna. Considerando que el honor, la coherencia y gratitud son las primeras víctimas de esta Putación en guerras, ¿por qué no la desmantelan de una vez?

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