Modelos matemáticos en la lucha contra el cáncer predicen su comportamiento
Según un artículo de divulgación científica de Richard Maino, investigadores británicos y norteamericanos han descubierto un método «predictivo» que se puede aplicar al cáncer, para saber cómo puede desarrollarse un tumor e invadir los tejidos. Los resultados de un modelo matemático de predicción han proporcionado una visión sorprendente de cómo se desarrollan los tumores en el cuerpo. Según recientes investigaciones de la universidad de Dundee, Escocia, este descubrimiento puede ayudar a comprender por qué el medio en el que se desarrolla el tumor se puede considerar como un factor que refuerza la agresividad del cáncer. El doctor Sandy Anderson, de la división de Matemáticas de la universidad, explica: «Lo que este modelo dice es que, cuanto más duro y difícil sea el tejido que rodea al tumor, más agresivo se hace». Esa combinación de matemáticas y técnicas de laboratorio para predecir enfermedades, ha sido considerada como «una nueva era en la investigación del cáncer» por el profesor Vito Quaranta, importante oncólogo norteamericano que colabora en el proyecto. Quaranta dice que, en el futuro, simulaciones matemáticas como ésta se utilizarán para prever la evolución clínica de un tumor y formular el tratamiento, de modo parecido a como hoy predicen los meteorólogos el tiempo que va a hacer. La investigación del Dr. Anderson se publicó hace cuatro meses en la revista científica Cell. El modelo muestra la clara relación entre la forma del tumor canceroso y su nivel de agresividad. Así, un tumor en forma de araña es más agresivo, mientras que los de forma esférica generalmente son más benignos. Otro aspecto interesante de la investigación es que, si se hace más duro y difícil el medio donde se desarrolla el tumor, es más probable que las células cancerosas que sobrevivan sean las más agresivas. Evidentemente, esto puede influir en el tratamiento de algunos cánceres, pues una de las actuales estrategias de ataque es hacer que los tejidos que rodean al tumor sean lo más «inhóspitos» posible, para destruirlo.