CORNADA DE LOBO
M. Sebaostiar
TIENEN más votos en cómputo regional que los leonesistas, pero mientras estos pillan escaño, Izquierda Unida, como si fuera una izquierdina reunida geyper, juguete polivalente, se nos ha quedado de plantón y pasmarote en la puerta del mercadillo parlamentario de esta comunidad. Es la incongruencia y la ilógica agraviante de este sistema electoral tan criticado y cuestionado cada vez que concluyen unos comicios que aclaran poco y embarullan mucho, aunque nadie se atreva después -ni siquiera sus víctimas inconsolables- a proponer la demandada modificación legislativa poniéndole un cascabel sonoro a esta ley-gato... que para unos es gata zalamera en ronroneos y para otros un saco de arañazos. Si a los defectos del sistema D'Hont y al castigo que esta ley proporciona a las minorías (que ya se vengan de ello consituyéndose en minorías absolutas), añadimos el hecho consumado en esta circunscripción de fallos garrafales en cómputos y transmisión de datos, más de uno andará hoy royendo estaca y marmurando pecaos y maldiciones en sus bajinis o cabildeos, después de sufrir en carnes propias lo que ya puede definirse como «escañus interruptus», esto es: empreñamiento fallido, interrupción del abrazo a la sillona, folladura a medias con marcha atrás en el gozo y quebranto de la risa en su mitad. Catacroc. Así sonó la rectificación de datos en la subdelegación gubernativa que desfacía un entuerto muy entortado que hizo ascender a algunos a la nube del delirio triunfal y a la componenda lechera de llenar cántaros de humo. Caer desde esas nubes no es bueno para los huesos. Ni para los cántaros. Cuando al candidato Sebastián lo llamó Miguel Sebaostiar el perverso ingenio madrileñí (Buenafuente lo propagó), se le estaba anunciando esa dolorosa costalada de los que caen desde nubes: de Madrid, al cielo... y del cielo, a las galerías más hondas del metro por donde circulan las desdichas sobre ruedas y en la oscuridad. Así que se cumplió el fatum. Miguel Yaseostió; y Gallardón, a gallardear, a esporpollar las plumas y a gallear (humildemente, pues pudiéndose pedir prímer , se conforma con ser segun , ya ves). Lo hizo ante Rajoy como el gallo de la copla: «le echa la galladura y se sascude , jolín... que es un vivales y monta a las gallinas por cuatro reales»...