Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Y vinieron los atracadores...

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VICTORIANO CRÉMER
León

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LO PREVISTO: VINIERON los atracadores, preguntaron por el estado del mercado y la cantidad de guardias con que cuenta la plaza y una vez enterados, decidieron cometer un atraco. O sea, un robo con pistola, si puede ser en la industria del petróleo y si no, pues en un banco cualquiera, que son los que tienen el dinero. Y se preguntaron el uno al otro ladrón: «¿No te parece?» Y el otro y el uno ladrón (porque dos eran dos los hijos de¿, Helena) examinaron el armamento, consistente en un par de pistolas, y se conformaron. «Con menos fuerza ya hemos hecho otros atracos». Y se dirigieron al Banco Deutsche Bank, sito en la Gran Vía y sin llamar a la puerta entraron a cara descubierta, como Pedro por su casa. En el interior, y con carácter de empleados a sueldo, permanecían cuatro empleados, uno de los cuales se dirigió al ladrón que tenía más a mano y le preguntó cortésmente: «¿Qué va a ser? ¿Necesitan ustedes información?»¿ La respuesta fue rápida y sin pensar: «No, señor, muchas gracias. Es que somos ladrones y lo que estamos practicando es un atraco. No se alarmen ustedes porque no les pasará nada si son buenos chicos y nos dejan los telefonillos móviles». Y fueron los señores empleados y les dieron los telefonillos móviles. Y entonces los señores ladrones, sonrientes y amables como azafatas de Iberia, les invitaron a que se prestaran a facilitarles la tarea de robar un poco. Y los señores empleados accedieron, se supone que temiendo que si ponían alguna resistencia podrían ser tiroteados. Luego los señores atracadores invitaron a los cuatro empleados a que descendieran a donde estaban establecidas las cámaras de seguridad y les encerraron, para su seguridad. Y limpio el campo de estorbos, los ladrones dedicaron su tiempo a robar. Y robaron lo que quisieron. Y una vez robado todo, cogieron la puerta de la calle y por ella desaparecieron. Pasaron horas y horas hasta que la información del suceso alcanzó la calle propiamente dicha. Los cuatro encerrados, en vista de que nos les mataban ni les robaban a ellos el reloj, ni el teléfono ni nada, dedicaron su tiempo a tranquilizarse. Y una vez que lo lograron, se felicitaron de no haber sido maltratados, ni acosados, ni amenazados seriamente. Y cuando al cabo de cinco horas, al fin los Geos, que son los policías de Harrison, pero en español, llegaron al lugar, como estaba la puerta semiabierta, entraron en el banco pistolón en ristre y se limitaron a liberar a los secuestrados en la cámara de seguridad¿ Y al salir a la calle, donde esperaban familiares y amigos, curiosos por ver en qué coña acababa aquel carnaval delictivo, prorrumpieron en aplausos y en vivas a los Geos y a los policías locales, que no abandonaron ni un solo momento el lugar del suceso¿ Fue, señoras y señores de la sala que nos estarán leyendo, un momento trascendental, histórico, como cuando Hernán Cortés quemó las naves y Guzmán el Bueno tiró su puñal desde la muralla de Tarifa. Para la Historia nos apresuramos nosotros a registrar el evento, la efemérides, la aventura, la odisea, la leche¿

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