El exceso de sudoración se relaciona con la genética, el estrés o las alteraciones endocrinas
La hiperhidrosis, inofensiva pero incómoda, afecta a 800.000 españoles
No se descartan causas hormonales porque el 70% de los afectados son mujeres
Aunque puede hacerse más patente con la llegada del calor, la hiperhidrosis, es decir, el exceso de transpiración corporal, es un trastorno inofensivo que afecta en España a más de 800.000 personas, pudiendo provocar incomodidad entre quienes lo padecen dificultando en ocasiones sus relaciones sociales y laborales (estrechar la mano, conducir, tocar un instrumento). Su causa es desconocida pero parece estar relacionada con una hiperactividad de las fibras simpáticas y un aumento de la respuesta periférica sudomotora. También parece influir la genética, ya que la tercera parte de quienes la sufren tienen antecedentes familiares, y no se descartan causas hormonales (cerca del 70% de los afectados son mujeres), alteraciones endocrinas, factores desencadenantes como el estrés, el calor o alimentos picantes o una enfermedad del sistema nervioso central. La hiperhidrosis más frecuente es la «localizada», que suele estar confinada en las palmas de las manos, plantas de los pies, las axilas, el rostro, la parte inferior de las mamas y las ingles, provocando cercos de sudor en la ropa, lo que obliga a cambiarse varias veces al día. Por eso, se deben evitar los tejidos sintéticos y utilizar ropa transpirable, de algodón, así como calzado de cuero, también transpirable y nunca de plástico. Tratamientos Conviene ducharse con jabón líquido desodorante (con clorhexidina) que impide el desarrollo de bacterias, depilarse las axilas y utilizar desodorantes que controlen el exceso de sudor y el mal olor. El antitranspirante más eficaz es el que contiene una solución alcohólica de cloruro de aluminio hexahidratado al 15%, que cierra la glándula sudorípara. Debe aplicarse antes de acostarse, sobre la piel limpia y seca y, al levantarse, retirar los restos con agua y ponerse el desodorante normal. Dos aplicaciones suelen ser efectivas para una semana, notándose en pocos días la reducción de la sudoración. El cloruro de aluminio bajo oclusión puede producir irritaciones en la piel, en cuyo caso debe probarse sin oclusión. En algunas ocasiones es necesario aplicar lociones o cremas antibacterianas. La hiperhidrosis «generalizada», menos frecuente, llega a afectar a todo el cuerpo y estar acompañada de fiebre. La piel adquiere una tonalidad rosada o blanco-azulada y, en los casos más graves, la de los pies puede estar macerada y con fisuras. La descomposición de los desechos celulares y de las bacterias llega a desprender un olor fétido y a producir enfermedades epidérmicas (dermatitis, infecciones por hongos). Además de mantener una limpieza minuciosa de la piel y usar antitranspirantes y desodorantes, en ocasiones hay que recurrir a la consulta de un psicólogo que, utilizando técnicas de relajación, ayude a aprender a controlar las situaciones de estrés. La toxina botulínica también es efectiva. La inoculación de pequeñas cantidades junto a las glándulas sudoríparas consigue reducir la sudoración en un 60%. Los efectos en las axilas duran hasta seis meses y en otras partes del cuerpo hasta un año. El tratamiento quirúrgico es la última solución y consiste en la sección parcial de los nervios y ganglios de la cadena simpática torácica. Aunque las intervenciones suelen tener éxito, algunos pacientes experimentan «hiperhidrosis compensadora», un aumento moderado de sudor en otras zonas del cuerpo (espalda, brazos, muslos) y, en ocasiones, llegan a tener las manos «secas», lo que requiere su hidratación diaria.