CORNADA DE LOBO
Vamos a morir
SI el guión de una película decae, nada mejor que agitar al somnoliento patio de butacas poniendo en boca de algún personaje un descorazonador ¡vamos a morir! pintado de desesperanaza total. ¿Pero quién logrará devorarnos antes, el topillo o el cohecho, el fuego bacteriano o las llamas con las que ahora quieren matar los topillos? El fuego efímero de rastrojera les dará algo de risa en sus galerías subterráneas donde ahora mismo están chingando como posesos y por mandato natural esos ratoncillos, no topos, que extienden su plaga bíblica desde Cuéllar a Burón y de La Alberca a Cantalejo. Cinco camadas al año por diez o doce ratoncetes cada una sitúan las cábalas en lo geométrico, todo lo cual haría suponer que el año que viene, con todo ese retén dispuesto, la plaga sería apocalíptica y, sin embargo, no habrá tal, tocará recesión porque lo mandan los ciclos de esta especie y nadie se preguntará entonces dónde están los «topillos» hasta que venga otro año de bondades agrarias y aparezcan en la prensa declaraciones triunfantes de barandas autonómicos o semiautomáticos, como ocurrió esta primavera, anunciando el cosechón del siglo (los topillos no saben leer, pero siempre se acaban enterando de estas cosas y, claro está, comparecen al festín prometido avisándose; moraleja: absténgase en próximas ocasiones de triunfalismos). Lo inquietante, sin embargo, no son los topillos, sino la miasma mortífera que cabalga con ellos, la peste de turalemias, garrapatas asesinas y la infección generalizada. Hasta los cangrejos comparten la cadena trófica, esa esclavitud de interdependencias biológicas, y acabarán turalémicos o bizcos. Y las liebres, otra vez contagiadas y en sospecha; en los documentales donde salen también el guionista les hace exclamar «¡vamos a morir!». Pero el quinto jinete apocalíptico no llegará montado en caballo que resople fuego por los ollares ni en liebre que salte del surco infecto a la cazuela del suicidio, sino que elegirá por montura un virus, quizá una bacteria, que será la que según los científicos nos acabe exterminando a la especie más lista y ladrona de este planeta. Tranquilo tú; le ponen fecha a esta probabilidad y no ocurrirá hasta dentro de quinientos años. Hasta entonces, aplaza ese tu trágico ¡vamos a morir!...